Pedro Alonso recupera el carnaval... y sus lluvias


¡Vaya carnavales pasados por agua que hemos tenido! Bueno, por agua, por viento y a ratos también por rayos y truenos. Lo malo de estas cosas (aparte de chafarnos la fiesta), son los daños que provoca en nuestras infraestructuras, transportes, carreteras y comunicaciones de todo tipo.

Además hay que reconocerles y agradecer su labor a determinados colectivos de trabajadores, que en estas circunstancias tienen que hacer “horas extraordinarias” en beneficio de todos. Es el caso de los bomberos, las policías y el personal de protección civil. Ya sabemos que es su trabajo, pero es un trabajo que en determinadas circunstancias les lleva a tareas más allá de lo que consideraríamos “normal” y hasta a poner en riesgo la vida propia. Se me ocurre que al igual que estas personas que cuidan de otras en este tipo de sucesos la vida es un poco así a todos los niveles. Todos cuidamos de todos de diferentes modos y maneras y en las distintas etapas de nuestra vida. A veces nos toca cuidar y otras ser cuidados, o hacerlo mutuamente, y es entonces cuando descubrimos que somos más auténtica, profunda y felizmente “yo”. ¡Que paradoja! Somos más “tu y yo” cuando somos más “nosotros”.

El evangelio realmente no es sino una llamada a esto mismo y se resume y condensa en una palabra: compasión. “Pasión-con” los demás, sentir que la suerte de los que me rodean no me es ajena e indiferente, y que el mundo que quiere Dios para nosotros es un mundo de hermanos a todos los niveles, y no de competidores-consumidores. Las dos primeras palabras que nos enseñó Jesús para dirigirnos a Dios son “Padre-Nuestro” (Mt 6,9). Es decir, que Dios es “padre-madre” y es “nuestro”, (o sea de todos). ¡La de cosas que se nos ocurren para llevar a la práctica!