Colaboraciones
¿Estado de derecho?
Por Pedro Bolaños Armas. Viernes 22 de enero de 2010
Pedro Bolaños comparte su reflexión a partir del evangelio y algunas noticias de prensa

Con dolor, porque no puedo dejar de recordar cómo muchos canarios, paisanos e incluso familiares nuestros, se vieron obligados a emigrar en condiciones muy precarias hasta hace pocos años, urgidos por la necesidad que se vivía en nuestras islas. Exactamente igual que estas personas a las que se les está negando figurar en el padrón.
Soy muy consciente de la enorme complejidad que tiene la realidad de las migraciones, pero esta medida es profundamente injusta: Con ella, algo aparentemente sin importancia, se impide que personas puedan acceder a servicios básicos como la sanidad o a derechos fundamentales como la educación, sencillamente porque, si no están registrados, no pueden acceder a ellos. Les forzamos así a vivir en la clandestinidad, con todos los peligros que ello supone, para los inmigrantes y para toda la población.
Resulta incomprensible que en estos tiempos, en que tanta lata se nos está dando con las epidemias, se esté forzando a muchas personas a quedar fuera del sistema sanitario y social. Quizá alguno crea que los virus de los sin papeles sólo enferman si están empadronados.
Y también con preocupación, porque lo que se nos presenta como una simple cuestión formal de cumplimiento de la Ley es, dicho con claridad, un caso de xenofobia institucional. Negar a personas humanas derechos reconocidos en la Declaración de Derechos Humanos por su condición de inmigrantes es puro racismo, se presente como se presente.
Me pregunto cuál será el paso siguiente.
Me resulta sorprendente que a estas alturas, con lo que nos llenamos la boca hablando del Estado de Derecho, se siga utilizando la ley, o los reglamentos, o los bandos municipales para perjudicar a seres humanos. ¿Qué es más importante? ¿Cumplir la Ley o proteger a las personas indefensas?
Ya Jesús lo dejó claro, aunque no sea políticamente correcto recordarlo: El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado. Sin embargo ya ven, que aunque tengan otra etiqueta, los fariseos aún siguen aquí haciendo de las suyas.



