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Pasión tiene que ver con pasivo, con lo que pasa. Cuando miramos las diferentes imágenes de Cristo durante su Pasiónobservamos, de verdad, cómo le pasa la vida por encima. El Jesús que en Getsemaní dice sí y se decide a continuar adelante, deja, en ese preciso instante, de tener el mando sobre las cosas que suceden en su vida. Desde ese momento, es hecho prisionero, es llevado de un lado para otro, es juzgado, es torturado, es interrogado, es golpeado, es cargado con la cruz, es crucificado. Todo en voz pasiva.
Para los Cristianos, ese hombre es, nada menos, que el Hijo del Altísimo, como proclamará el viejo centurión romano que custodia al pié de la cruz. Sin embargo, aparece cautivo de los hombres que tienen el poder en su época. Por más que sea el hijo de Dios, muere colgado de la cruz.
La verdad es que sorprende pensar que el militar romano pueda descubrir la verdadera identidad de aquel que cuelga de la cruz precisamente al verlo morir. Sin embargo, probablemente ahí está la clave cristiana para situarse ante los acontecimientos y la vida. El mismo Jesús que vemos tomando decisiones, optando claramente, siendo Señor de su vida, ese mismo es el que luego es llevado como si se tratara de un pequeño barco a la deriva en medio de un enorme huracán. La clave cristiana es que precisamente en medio de esa pasividad, de ese no poder hacer, de ese no bajarse de la cruz, Jesús sigue siendo Señor, Señor de sí mismo, de su vida.
Pero esa clave cristiana es, por lo demás, la clave que distancia las ilusiones de la realidad. La realidad está llena de pasividad. El Señorío de las personas no puede identificarse con el dominio sobre todo lo que sucede en sus vidas. El valor de la vida humana no se identifica necesariamente con el poder hacer, con el poder decidir. En medio de un cáncer que avanzara contra todos los intentos de la medicina, en mitad de conflictos que no controlamos, cuando estamos a merced de poderes que no entendemos ni podemos medir, las personas no perdemos nuestra dignidad ni nuestro señorío.
La vida de todos y todas tiene mucho de pasividad. Algunas opiniones parecieran negar valor a la vida del tetrapléjico o a las masas que mueren bajo la condena del hambre y la miseria. Sin embargo, desde el ejemplo de la cruz, sabemos que toda vida puede ser vivida con señorío, incluso aquella vida que carece de las condiciones objetivas de la libertad y el bienestar. Esa vida es también una Pasión. |