Amazonia (III), por Fernando Lopez sj

Amazonia, tierra de todos (VI): las amenazas, por Ines Dieppa

El Cristo de la Caida, por Jose G. Rodriguez Escudero

Impresiones sobre el foro social (I)

El velo en Francia, por Jose I. Gonzalez Faus

 

   

LA PROHIBICIÓN DEL VELO... UNA REFLEXIÓN

José I. González Faus escribe lo siguiente dentro del cuadernillo 131 de CRISTIANISMO Y JUSTICIA denominado, LA DIFÍCIL LAICIDAD

Comparemos estas dos actitudes:

Tierno Galván, siendo alcalde de Madrid y agnóstico reconocido, consideró que la separación entre Iglesia y Estado no le obligaba a quitar el crucifijo del ayuntamiento de Madrid, como pedían otros, puesto que se trata de un recuerdo de un hombre bueno que fue víctima de los poderosos de la tierra (como un Che Guevara, podría añadir alguien irónicamente).

En cambio, el Presidente Chirac, que es creyente, prohibe el velo de la mujer en las escuelas francesas, en nombre de la laicidad. En ambos casos es ejemplar el contraste entre su cosmovisión personal y su actitud pública. Pero...

El vestido es un dato cultural, mucho más que un crucifijo en la pared de un ayuntamiento: en muchas culturas antiguas, soltarse los cabellos era considerado como una forma de estimulación sexual para el varón (de eso quedan huellas, por ejemplo, en los evangelios). No obstante, la prohibición francesa llega hasta excluir de la escuela pública a algunas muchachas que, por ser de condición económica baja, verán así negado su derecho a la educación, que es un derecho primario. Por lo que hemos oído, entre la población escolar el velo no es mirado como un signo religioso: se objeta contra él porque es una forma tradicional de vestir. Las muchachas árabes preguntan simplemente por qué ellas no tienen derecho a cubrir su cuerpo igual que otras lo tienen a enseñarlo. O acuden al argumento esgrimido antaño por los abortistas: mi cuerpo me pertenece, y quizás con más razón que ellas.

Prescindiendo ahora de ironías, es dato conocido hasta qué punto ambas actitudes (cubrir el cuerpo o enseñarlo) tienen mucho que ver con factores psicológicos de búsqueda de acpetación por parte de la mujer, necesitada de ella sobre todo en la adolescencia. Finalmente, en una sociedad tan permisiva como la nuestra, las prohibiciones no dejan de ser experimentadas como persecuciones y, por eso, han de ser escasas y atentas sobre todo al bien común. Una muchacha de padres marroquíes, pero nacidad y criada en Cataluña y catalanohablante declaraba no hace mucho a la prensa de Barcelona: "no llevo el velo pero, si lo prohibieran, me lo pondría..."

(...).

Y volviendo a la cuestión del velo, que es más debatida, no intentamos nosotros tomar postura, sino sólo dejar colgada la pregunta: ¿Quién tiene más razón en nombre de la laicidad: el gobierno francés que prohibe el velo en las escuelas, u otros gobiernos centroeuropeos que no lo han prohibido, y una buena parte de ciudadanos franceses que (creyentes o no) se oponen a la prohibición del velo? Esta pregunta pone bien de relieve una de las grandes dificultades de la laicidad: la dificultad para separar lo religioso de lo cultural, aunque ambos no se identifiquen simplemente.