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Hemos seguido de cerca la situación de la Iglesia de Sao Félix de Araguaya (en el Estado de Mato Grosso, Brasil), donde el obispo Pedro Casaldáliga hubo de presentar la renuncia por cumplir los 75 años. El Vaticano, a través de la Nunciatura de Brasil, le exigía que saliese de la ciudad antes de la llegada del nuevo obispo, lo que sonaba más a una expulsión en toda regla que a un relevo cristiano. El obispo querría obedecer, pero la asamblea diocesana le pidió que no colaborase con esa práctica antievangélica de nombrar obispos sin consultar con la comunidad local y actuando en el secretismo. Al respecto, leímos el manifiesto de 118 representantes de toda la Prelatura, reunidos en Asamblea Pastoral, con la que expresamos nuestra solidaridad. Ciertamente, “el Evangelio pide otro modo de proceder” y “la Iglesia debe dar al mundo testimonio de respeto a los derechos humanos y de corresponsabilidad fraterna”. Afortunadamente llegan buenas noticias. Se ha hecho público el nombre de su sucesor, con fama de ser muy dialogante. También se dado marcha atrás, pues no sólo está en buen contacto con Casaldáliga, sino que éste se queda allí tal y como deseaba.
En este contexto, comentábamos la noticia publicada en algunos medios, de la próxima sustitución de nuestro obispo, previsiblemente a lo largo de este año, según ha confirmado el propio D. Felipe. Se daría una situación similar si el nombramiento del nuevo obispo se efectúa sin una participación real de la Iglesia afectada. Por ello, como un derecho y un deber en conciencia, junto con millones de católicos en todo el mundo, manifestamos nuestra disconformidad y nos sentimos en la obligación de denunciar el procedimiento actual del nombramiento de obispos. Es preciso decir, también, que la Iglesia somos todos: comunidades, movimientos, asociaciones, grupos y fieles en general, conjuntamente con el obispo, presbíteros y organismos diocesanos. Y todos, desde nuestra condición de miembros del pueblo de Dios, podemos y queremos participar en este proceso, pues es algo que nos incumbe. Acorde con la mejor tradición de la Iglesia de los primeros siglos, donde los obispos eran elegidos por las Iglesias locales, teniendo en cuenta la voz del pueblo y del clero (de la comunidad).
Pero no serviría de nada sólo hacer llegar nuestro parecer a la jerarquía eclesiástica, se requiere también que la renovación que pedimos la vayamos realizando nosotros mismos, dar pasos concretos en esa dirección, actuar en consonancia con lo que creemos. Nos parece, además, que ha llegado el momento de tener un obispo de nuestra tierra y de esta Iglesia local. Por lo que proponemos a Bernardo Álvarez Afonso , sacerdote y actual Vicario General de la Diócesis, para que sea nuestro hermano mayor y nos presida como obispo y pastor. Hay muchas razones que justifican su nombramiento: profundo conocedor de la realidad diocesana, abierto y renovador, talante pastoral, actitud dialogante, respeto a la pluralidad, preparación y capacidad de trabajo, cercanía al pueblo, conocido y querido por todos… Pero, sobre todo, por su dedicación, servicio y amor a la Iglesia. Por lo demás, reúne los requisitos que exige San Pablo al que ha de tener a su cuidado la Iglesia.
Es hora de cambiar y, como Iglesia que somos, también nosotros queremos colaborar en este cambio, al servicio del Reino, volviendo a las fuentes de la Iglesia naciente. En cualquier caso, habremos ayudado a tomar conciencia de que la Iglesia no puede seguir actuando con esos métodos que ponen de manifiesto una falta de respeto a la comunidad local. Dejando claro, no obstante, que sea como fuere la sucesión, la aceptaremos sin propiciar ningún tipo de tensiones, sin hacer comparaciones y sin traumas, y recibiremos al nuevo obispo con acogida fraternal, con espíritu abierto y con esperanza.
Asociación Comunidad del Puerto : 922 38 71 17 / 922 38 28 25
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