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En Santa Cruz de La Palma algunas personas están molestas con el hecho de q ue el carnaval de Las Palmas incluya entre sus números de programa la llegada de los Indianos. Los hombres y mujeres de La Palma introdujeron en su carnaval la parodia de aquellos parientes, amigos o conciudadanos que, dejada atrás la pobreza, tras emigrar a Venezuela o Cuba, volvían enriquecidos a la isla. De los barcos descendían señores y señoras que, en otro tiempo pobres campesinos, mostraban con ostentación los bienes adquiridos en, sin duda, el duro trabajo de la emigración.
No es, ni mucho menos, peculiar de La Palma, una de las islas menores, ahora denominadas "no capitalinas", el fenómeno de la emigración en años pasados. Tampoco es peculiar de la isla palmera la celebración del carnaval. Es verdad además que, precisamente, emigrantes palmeros en Gran Canaria, pusieron en marcha la celebración "paralela" de los Indianos en las calles de Las Palmas.
Los palmeros y palmeras protestan incluso, a través de sus instituciones, porque entienden que la copia de la celebración lesiona su identidad. Episodios como aquel de la revista Ronda Iberia, que afirmaba que Los Indianos era una celebración típica de Las Palmas, ejemplificaba los males a los que la gente de La Palma se refiere. Sin embargo, no es menos cierto que el Carnaval que vivimos en Canarias tiene muchos elementos importados de otros lados. Los ritmos y los bailes recuerdan en demasía a los cariocas, por ejemplo. ¿Por qué entonces esta protesta de los habitantes de la Isla Bonita? El autor del cartel de Los Indianos afirmaba en la presentación del mismo que la gente de La Palma tiene el riesgo de mirarse el ombligo con exceso de frecuencia. Admitamos que es parte del modo de ser insular. Pero, a mi entender, en este caso, el instinto de supervivencia está también detrás. Para el pequeño, para el que no tiene poder económico suficiente, para el que sabe que no es el centro del mundo, estas apropiaciones no son una mera colaboración al acerbo común cultural canario, son, más bien, la usurpación de lo único que sienten como propio: las propias señas de identidad.
Estos días se prepara en el Parlamento Canario una reforma del estatuto que tendrá, entre otras concescuencias, la de quitar poder político a las islas periféricas para dárselo a las islas capitalinas. ¿Habrá alguien que piense que con una medida así se invertirán las tendencias y las gentes de las islas menores dejarán de emigrar y empezarán a hacerlo las de las islas mayores? Si no me equivoco, servirá, más bien, para que aumente el envejecimiento de la población palmera y para que sigan emigrando sus personas mejor formadas. Así podrán seguir organizando, en otras islas, otras copias de su propia realidad: la marcha de los Indianos.
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