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Amazonia, tierra de todos
Las comunidades indígenas del mundo tienen en común el sentimiento de respeto y responsabilidad para con la Madre Tierra como principio de vida que se transmite de padres a hijos. Ellos creen que tenemos la obligación de protegerla porque es pecado, entendido como acción que puede ser castigada por los dioses, atentar contra ella. “El hombre es parte integrante de un todo que es la tierra, de la que no es amo ni señor. La tierra es madre, es diosa, es fuente…Pero no es propiedad de nadie”.
“La tierra no pertenece a nadie: es de la vida, de la muerte, y de esos que todavía no han nacido. Ella nos acoge por un corto periodo de tiempo, la usamos y la dejamos. El hombre pertenece a la tierra”.
Entre las sociedades tribales prima lo colectivo frente a lo individual, no entienden el concepto de la propiedad privada, todo se comparte. El hecho de comprar o vender la tierra es como “si a nosotros nos quisieran vender un pedacito de aire para respirar o una parcela el agua de mar en la playa en la que bañarnos”. Evidentemente su visión del mundo choca con la óptica capitalista que se propaga como una epidemia, donde todo tiene un precio.
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