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Textos de KARL RAHNER sobre la IGLESIA (I) |
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Karl Rahner no jugaba en el Bayerm de Munich, sino que era teólogo jesuita. Ahora hace cien años de su nacimiento. Tomamos los textos de un papel de CRISTIANISME I JUSTICIA, n. 168. www.fespinal.com |
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Sentido de la Iglesia
Esta comunidad (la Iglesia) debe ser aquella que, pese a su pobre carácter pequeño burgués… habla en voz alta y tiene la valentía escalofriante de anunciar que esta llanura miserable que horma nuestra existencia actual tiene cumbres que se elevan hasta la luz eterna del Dios infinito, cumbres que todos nosotros podemos escalar. Y que esta triste y abismal llanura, que parece carente de cimientos, contiene sin embargo honduras que nosotros no hemos explorado todavía y que, allí donde nosotros pensamos que hemos experimentado y descubierto que todo es un absurdo, sigue habiendo profundidades que se encuentran llenas del mismo Dios.
Un testimonio como ese, propio de esta comunidad que tiene la valentía indescriptible de atreverse a ir en contra de todas las experiencias baratas de los hombres, debería elevarse como un único grito por encima de esta historia, diciendo: ¡Existe Dios, Dios el Amor! Su victoria ya se ha realizado y todos los torrentes de lágrimas de sufrimiento que aún fluyen por nuestras tierra han sido ya vencidos y están secos en su fuente. Tos nuestras tinieblas son como la noche que parece más oscura antes que amanezca el sol. Vale la pena que vivamos”.
Este testimonio es el signo de esta comunidad llamada Iglesia, en la medida en que ella es más que una simple parte del conjunto de la humanidad, a la que Dios no permite ya que se aparte de su amor. Su esencia verdadera y más profunda, su tarea más auténtica no consiste en lograr que los hombres tengan algo de respeto por Dios, ni consiste tampoco en ofrecer un poco de decencia y humanismo para contrarrestar el egoísmo brutal de los hombres. Su esencia no es la ley sino el evangelio: que Dios vence por su propia acción y que él se entrega de manera generosa a favor de esta humanidad y de su mundo. Este es el testimonio de lo más inverosímil, que es la única verdad, la verdad última.
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