Del 4 al 11 de febrero de 2005

Reflexiones sueltas a propósito de la llegada de nuevos obispos (I), por Lucas López sj

Amazonía, tierra de todos (I), por Inés

Algunas palabras de Karl Rahner sobre la Iglesia.

 

REFLEXIONES SUELTAS ANTE LA LLEGADA DE NUEVOS OBISPOS (I)

Lucas López sj es palmero y vive en Las Palmas de Gran Canaria. Trabaja en la dirección general de Radio ECCA Fundación Canaria.

Estamos pendientes de cambio de obispo en las dos diócesis de Canarias. Si nos preguntamos qué obispos necesitamos en las iglesias de las islas para alentar la misión de la Iglesia en los próximos años, probablemente nos estemos haciendo una pregunta imposible de responder. Por otro lado, mi condición de religioso jesuita me ha llevado de un lado para otro en este mundo, y los tiempos que he pasado en las iglesias de Canarias no me dan mucha autoridad para atreverme a proponer una opinión sobre cómo debe ser el obispo de las diócesis oriental y occidental del archipiélago. Estoy convencido de que el Espíritu Santo tiene sus modos de actuar y que, muchas veces, nuestra pura racionalidad no acaba de dar con las claves de un Dios que es más grande y que sabe sentirse a sus anchas en lo más pequeño. Al ponerme a escribir sobre esto, me acuerdo también de aquella interesante reflexión: si cuando vas a decir algo crees que no va a aportar más que el silencio, mejor, cállate. Por eso, con esta reflexión previa, estoy convencido de que me toca, como a tantos cristianos y cristianas, orar a Dios para que sea él quien guíe las decisiones de quienes hoy por hoy tienen la misión de nombrar a los pastores que animarán nuestras iglesias.

Permítanme, por tanto, desde el amor y la fe, hablar sin embargo de algunas cuestiones que, me parece, tienen que ver con el futuro de nuestra sociedad y, por tanto, con el futuro de nuestra Iglesia.

En Radio ECCA Fundación Canaria, donde trabajo, estamos inmersos en la preparación de un Plan Estratégico Institucional. Intervienen en su elaboración, en diferentes momentos, muchas personas. Muchos y muchas de los que trabajan en la casa sacaron a la luz fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas de ECCA. Hicieron, partiendo de ese análisis y de muchos otros, montones de propuestas que se han venido agrupando en torno a ocho grandes objetivos generales. La lectura de los mismos nos permitió comprobar que ECCA tiene la misma misión que en sus inicios, pero que debe adecuarse a nuevas realidades sociales. Entiendo que algunas de esas nuevas realidades sociales a las que ECCA debe adecuar su misión y para las que se debe preparar, son también realidades sociales que afectan a la Iglesia en las islas.

Por eso, no pretendo más que mostrar cómo algunas nuevas circunstancias sociales incidirán en la vida de la Iglesia en Canarias:

•  De la frontera de la lectoescritura a la brecha digital.

•  Del pueblo que emigraba al pueblo que recibe inmigrantes.

•  De la identidad uniforme a la sociedad de la globalización.

•  De los roles diferenciados a la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres.

•  De la actividad laboral estable a las nuevas dinámicas laborales.

 

De la frontera de la lectoescritura a la alfabetización digital

Hace cuarenta años, cuando nació ECCA, muchos y muchas en Canarias eran analfabetos. Su acceso al mundo profesional y social estaba delimitado por ese parámetro cultural. Su modo de ser Iglesia estaba también marcado por su, por así decir, bajo nivel cultural. La denominada “fe del carbonero”, que atribuía a los maestros de la Iglesia la explicación para aquellas preguntas a las que no encontraba respuesta, se adecuaba perfectamente para el contexto sociocultural en el que vivían y en el que la Iglesia hacía su misión de siempre: proclamar la buena noticia de Jesús. No podemos juzgar a la gente que entonces vivía con aquella fe. Tampoco a los hombres y mujeres que hoy la siguen viviendo desde parámetros similares en nuestra tierra. No es ni mejor ni peor que otras; pero no parece adecuarse ya al nuevo contexto.

Hoy, los hombres y mujeres de la sociedad canaria cuentan con un servicio educativo universalizado. La formación de niños y niñas, jóvenes y personas adultas está al alcance, en diferentes niveles, de toda la población canaria. No sólo se ha multiplicado el número de titulados en todos los niveles, sino que, además, la formación permanente es parte de la vida cotidiana. Por supuesto, la Iglesia también ha multiplicado los esfuerzos de formación y capacitación de agentes de pastoral y creyentes en general. Y, sin duda, sabemos que debemos proclamar nuestro mensaje a personas que, como la María de la Anunciación, no pueden proclamar su fe si no es después de preguntar “¿cómo ha de ser eso…?”. Nuestra esperanza no se impone por la autoridad institucional de quienes la proclamamos, sino que dialoga de tú a tú con quienes tienen acceso a los mismos recursos culturales o más que los que nos vivimos como portadores de un mensaje que va en vasijas de barro. Creo que los cristianos de ahora en general y en general también nuestros pastores tienen esa conciencia humilde de quienes llevan su esperanza a una sociedad en la que el propio Espíritu va sembrando por delante.

 

De quienes marchaban a Venezuela a la llegada de nuevas personas a las islas

Hace cuarenta años, cuando nació ECCA, cada uno de nosotros y nosotras tenía algún pariente que marchaba a Venezuela o que emigraba desde las islas empequeñecidas hacia las mayores, o desde las zonas del interior a las capitales. La sociedad canaria no era del todo homogénea y, sin duda, recibía la influencia cultural de aquellos que la dejaban y retornaban con sus cantos y costumbres. Sin embargo, entonces el pueblo canario, con las diferentes peculiaridades de sus islas, conservaba tradiciones y costumbres, modos de pensar y ser, que venían de cinco siglos de construcción y mestizaje. Por otro lado, aquella emigración hacia Latinoamérica era forzada por una situación económica y demográfica explosiva: demasiada población para pocos recursos. Los habitantes de las islas vivían, por lo general, en contextos que hoy definiríamos como de pobreza, pobreza severa o extrema pobreza. La Iglesia Católica era, sin duda, parte nuclear de esa identidad canaria, marcando con sus fiestas y rituales la vida cultural de la región, de cada isla. La función caritativa de la Iglesia, basada en acciones que servían para paliar la pobreza de las personas era, también en buena medida, un elemento muy importante de la legitimidad con la que se presentaba en la sociedad.

La situación hoy, por más que no sea absolutamente diferente, está, sin duda, marcada por parámetros diferentes. Llegan personas nuevas a las islas cada día. El turismo, que estalló en los setenta como nuestra principal “industria”, trajo a las islas millones de visitantes con modos de vida y costumbres diferentes. La inmigración, en la última década, ha pasado a ser uno de los fenómenos sociales más sorprendentes e innovadores. Otros modos de vivir, otros modos de pensar, otras formas de explicar el sentido de la vida y de relacionarse con la propia cultura. Los cristianos y cristianas estamos, sin duda, en el esfuerzo social por atender a las personas que llegan. Muchos y muchas son también cristianos y católicos. Otros, otras, provienen de otras tradiciones culturales y religiosas. Este fenómeno nos está cambiando ya y, probablemente, nos cambiará más todavía en los próximos años. Sobre todo, porque no se trata de un fenómeno aislado. La globalización económica y cultural está muy presente.