El Evangelio está completo: es suficiente para suscitar el espíritu de Jesús que inhabita toda criatura que lo recibe. No todas las vivencias de cada criatura en las que vive Jesús han sido escritas: en tal sentido el Evangelio está incompleto. Tal vez eso quiso indicar San Juan cuando al final de su Evangelio dijo que otras muchas cosas hizo Jesús.
Suele ocurrir que a nuestro alrededor continúa el Evangelio: conozco quien atiende personas impedidas, quien acoge a los niños, quien vive el dolor ajeno y, más aún, la ajena alegría; conocí quien visitó prostitutas enfermas no para hablarles de Jesús sino para acompañarlas como Jesús las hubiera acompañado; conozco quien encargó decir “buenos días” cada jueves para inducir la compañía de Jesús: por estos días se cumple un año de este encargo.
Otras muchas cosas hace Jesús, las cuales, si se escribiesen una por una, no cabrían en el más capaz de los discos duros.
Y tras conocer esa prodigiosa abundancia de secuencias evangélicas pienso que tal vez no les guste demasiado conservarse en disco duro sino más bien anidar en un tierno corazón, aún a riesgo de que algunas de ellas se pierdan en la desmemoria.
Razón de más para conservar y agradecer lo que vivieron y escribieron los primeros cristianos a través de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. |