Del 17 de diciembre al 14 de Enero 2005

ADVIENTO

Qué espero de este adviento

Unas pocas esperas

El Evangelio está completo, por Luis Cobiella

Derechos humanos, por Esteban Velazquez

Fundación Entreculturas

Grupo Universitario Anchieta

II Asamblea Red Ignaciana de Canarias

 

 

QUÉ ESPERO DE ESTE ADVIENTO

José Guillermo Rodríguez Escudero comparte su vida profesional con una intensa pasión por la historia y por su tierra, la isla de La Palma. Nos cuenta algunas cosas...

Indudablemente estamos nuevamente en otra de estas repetitivas épocas anuales de nuestra vida en las que existe una gran contradicción entre lo que “se debe, se quiere y se hace”. El aspecto externo y festivo profano está muy lejos de lo que originalmente se entendía como “Adviento” por sus precursores allá por el siglo IV después de Cristo, claro. Realmente se constituyó como un tiempo litúrgico de preparación para la Navidad, un rito romano que empieza el primer domingo después del 26 de noviembre. Este año celebra su inicio en la onomástica del Papa San Gregorio III, 28 de noviembre y finaliza el 24 de diciembre. Se instituyó como un tiempo de oración y penitencia, como elementos de la preparación ascética a la fiesta de Navidad, es decir, una época dedicada particularmente a la práctica y ejercicio de la perfección espiritual, no sólo destinada única y exclusivamente para preparar postres y turrones, comprar los obligados regalos o adquirir los mejores trajes para los banquetes familiares, de empresa, de amigos... de adquirir los décimos y adornos de Navidad ...muchas veces forzando las ganas y el bolsillo... y no sólo para asimilar las tensiones derivadas intrínsecamente de la celebración: ¿Toca en la casa de tus padres o los míos?¿qué llevamos este año?¿qué me pongo?¿qué regalos?... Preguntas acerca de un materialismo que es lo que de verdad importa en el fondo, aunque a la “prensa” se le informe de otras cosas que más interesan para lavar la “fachada”. No sólo se ha vuelto una época de terrible consumismo para el que “puede”, con lo que la angustia vital del que “no puede” se antoja más profunda que en el resto de año, sobre todo en los días previos a la Epifanía, momento culmen del gasto excesivo y supérfluo en la mayoría de los casos. En términos generales y globalizadores, esta “espera” que se conmemora – del latín adventum , llegada o advenimiento, venida-, se está convirtiendo en una espera ficticia vacía de su encanto y mensaje original. Se ensayan, eso sí, los alegres villancicos, por ejemplo como en las rondallas de “Lo Divino” en La Palma, celebrando así en las Misas de Luz y por las calles durante las nueve noches previas a Nochebuena, el embarazo de María. No en vano estamos en el tiempo mariano por excelencia del Año Litúrgico. Sin embargo, esta parafernalia y su puesta a punto, preparada cuidadosamente con ilusión por unos, se convierte en nostalgia y tristeza, y aun un problema para otros. No se aguarda expectante , como nos dice la Iglesia, la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos, donde tendría que existir un equilibrio entre la alegría y austeridad. Vemos que en los actos eclesiásticos no se suprime el canto del aleluya, sin embargo los ornamentos son morados, como en Cuaresma (curioso) e incluso hay órdenes religiosas que observan el ayuno y la abstinencia durante este tiempo. Se rememora aquí el momento en el que Cristo nació en Belén y el Hijo de Dios, nada menos, se revistió de la carne mortal, como uno de tantos. Se pretende también que cada uno de nosotros “despierte” en nuestra vida de bien, de paz consigo mismo y con el prójimo. Luego, bajo estas premisas, creyéndoselo de verdad, es cuando adquiere sentido el turrón compartido, el cava, el jolgorio y las fastuosas celebraciones en unión con la familia y los amigos, sin olvidar a los demás que no lo son. Recordando a San Juan Bautista: “ Preparad los caminos del Señor” o al Apocalipsis: “ Ven, Ven Señor Jesús ”, se observa cómo la esperanza cristiana está cargada de alegría y de confianza. Al contrario, las palabras evangélicas “Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento” , dan un toque serio de atención al exceso de materialismo. En definitiva, es un período donde el equilibrio, la mesura y la razón tienen que primar, dentro de un ambiente de amor y armonía familiar, que debe calcarse en el exterior de nuestros hogares. Esto es lo que espero del Adviento, que disfrutemos al máximo del calor y de las satisfacciones que estas fiestas nos proporcionan, que las celebremos tanto internamente como externamente, y que no olvidemos nunca que tenemos que compartir esta fortuna que nos ha tocado. Hay muchos que no tienen tanta suerte y esto que tenemos puede sernos arrebatados en cualquier momento. No hay que pensar en la lúgubre idea popular que las cuatro semanas de Adviento simbolizaban los cuatro años de tinieblas en las que el mundo estaba envuelto antes de la venida de Cristo (no se encuentra la confirmación en la Liturgia), sino que son cuatro semanas, años o vidas de alegría y bendiciones por que aun no ha llegado lo mejor. Dependiendo de la vida que llevemos y de todo lo que compartamos, así será nuestro premio. El Adviento es sólo un pretexto. Adviento es siempre.