Semana del 26 de noviembre al 3 de diciembre

ADVIENTO

Entre la espera y la esperanza, por Angel Martín sj

Iglesia y Estado, ¿a la greña? (I), por Lucas López sj

De la cárcel hizo camino, por Emilio Martínez sj

Fundación Entreculturas

Grupo Universitario Anchieta

II Asamblea Red Ignaciana de Canarias

 

CHAMORGA-TAFADA-FARO DE ANAGA-LOS OROBALES-LAS PALMAS- EL DRAGUILLO-CRUZ DEL DRAGUILLO- CHAMORGA

Empezamos a caminar, como verdaderos caminantes: a pie. Y como caminar – según el diccionario de la Real Academia Española – es “andar, ir de un lugar a otro, trasladarse, recorrer “, nosotros, buenos practicantes de lo que creemos (en fin) pues caminamos, pero sin trasladarnos, paradójicamente para nosotros mismos, fue nuestra propia historia de ida y vuelta (como la de Bilbo Bolsom, pero a lo canario), ya que empezamos en Chamorga y terminamos de nuevo en ella ... ¿ querrá esto decirnos algo?.

Comenzó la excursión con frío y algo de niebla en el horizonte. Un grupo de excursionistas ateridos de frío en el Balcón de Anaga Hubo pasos difíciles. Sin embargo, resultaron cosa sencilla para los intrépidos excursionistas. Las cuestas hacia arriba dominaron los primeros momentos. Los barrancos de Anaga son un espectáculo. De pronto, el mar y su espectáculo, con los roques de Anaga dispuestos a dejarnos sorprendidos.

Estuvimos todos a las 8 en punto en la plaza del Adelantado, como habíamos quedado, pero debido a problemas “circulatorios” ( cuando el riego al cerebro es insuficiente para despertarse) llegamos a Chamorga para empezar a ANDAR a las 10:15 ( es decir, la puntualidad brilla por su ausencia). Y Llegamos con un poco de olor a vómito, ya se sabe que el que tiene buena noche no puede tener buen día, pero bien y con mucho ánimo.

Chamorga es un pequeño pueblo, quizás de 20 casas, y por supuesto un bar y una pequeña Iglesia ( más faltaba ),lo que más resalta de su paisaje es la cantidad de dragos que hay, dragos con bastantes años ( y si no preguntar a Serge que él es el experto en contar los años de estos árboles ).

Subiendo ya rumbo Tafada, pareció como que todos mirábamos hacia atrás despidiéndonos de la pequeña civilización, y sintiéndose algunos ya un poco agotados...el paisaje, aún, está lleno de recuerdos del mundo civilizado: huertas, cuartos de aperos ( pedazo cuartitos!!), etc... y nos encontramos con la primera subida: “ el paso de la burra”, unas escaleras hechas en la piedra. Llegamos al poblado abandonado de Tafada, un pequeño llano con una casa bastante grande, este lugar será recordado por el eco que decía: “ tu sambai de piri pita, pimienta, pitonga de piri pita”, curioso fenómeno de la naturaleza que parecía retumbar desde las cumbres de la gomera.

Magnífico lugar para comer, a la sombra de una chumbera, que nos protegía de la lluvia. Cuando más pesados estaban los estómagos, los caminos volvieron a empinarse.

Suerte que no había mucho sol. Gracias a Dios, la Laurisilva nos hubiera protegido de Lorenzo. Claro, llovía.

Aquí el grupo de guamigos y guamigas al final del intenso itinerario. Agradecidos a los organizadores.

Seguimos caminando en dirección al Faro de Anaga. Quizás haya sido esta una de las partes más hermosas del camino, que aunque lloviendo, mostraba un paisaje lleno de impresiones para nuestros sentidos al contraste de la tierra y el mar, tan lejos y tan cerca, con los roques como punto de referencia para el sentir de las olas que golpean en su vaivén insesante. Siguiendo con este paisaje pasamos por los Orobales, y seguimos rumbo a Las Palmas. Durante este recorrido algunos de nuestros compañeros, debido a la presencia de pendiente y posibilidad de vértigo, se decidió a hacer algo de barranquismo en busca de una cámara de fotos que Simgua ( Simba, mascota y defensor del grupo) arrojó al vacío por estar mal colocada, con resultados positivos (no hubo muerte en el intento, sí algunos arañazos) en la expedición, que por unanimidad se ha decidido no volver a practicar dada su alta peligrosidad.

Ya en este tramo del camino nuestros estómagos comenzaron a quejarse algo más, seguimos caminando, porque en teoría quedaban 10 minutos para el Draguillo, pero esos 10 minutos en pendiente, se convirtieron en más y sucumbimos al amparo de una penca arbórea a deleitarnos con el conejo frito y el cabritillo que nuestras mentes esperaban , para comernos nuestros bocadillos de chacina y queso o tortilla, sin tener esta vez nuestra comida más típica: la libanesa.

Remontamos el vuelo un poco más pesados... y eso se nota. Llegamos al Draguillo, y de aquí decidimos seguir subiendo hacia Cruz del Draguillo, ya que podríamos haber bajado hasta Playa Fabián, pero debido al realismo que fuimos capaces de experimentar y preveer, decidimos que con una subida tendríamos bastante. No sé si el ascenso por dentro de la espesura de la laurisilva fue más bonita que la bajada en el Faro de Anaga, quizás el cansancio nos impidió pararnos y contemplar... porque cansancio había y mucho, y del ánimo de Chamorga ya sólo quedaban ideas delirantes de convertir a Simba en un animal de carga... que cargara lo que fuera. Pero la realidad se impone y nuestros pies ya iban con el automático puesto. La frase más sonora fue la misma que la del burro de Shreck de camino a palacio: “ falta mucho”. Al fin llegamos al cruce del Draguillo ( que por algo se llama cruz...) y después de una larga disertación a cerca de la elección del camino a seguir, comenzamos a descender destino Chamorga; al llegar a este tramo ya se notaba un ambiente más alegre, como de:” próxima parada el coche ”. Nos sorprendió el barranco corriendo, quiero decir, con agua. Pasamos por encima del caudal que descendía para seguir nuestro camino.

Y al fin llegamos a destino, ahora con la sensación contraria: dejamos atrás el mundo natural.

Ya de vuelta, con toda la historia recorrida, con todas las historias contadas y vividas, estábamos otra vez en el punto de partida, y si de verdad esto quiere decir algo, y la ida y vuelta tiene significado, Chamorga tendrá para cada uno de nosotros un valor y sentido especial y diferente.