Semana del 26 de noviembre al 3 de diciembre

ADVIENTO

Entre la espera y la esperanza, por Angel Martín sj

Iglesia y Estado, ¿a la greña? (I), por Lucas López sj

De la cárcel hizo camino, por Emilio Martínez sj

Fundación Entreculturas

GUA

II Asamblea Red Ignaciana de Canarias

 

JORNADAS EDUCACIÓN, DESARROLLO Y CAMBIO SOCIAL

La Casa de América, a la derecha de la avenida de La Castellana apenas dejamos atrás la plaza de la Cibeles hacia Colón, fue el lugar para la realización de unas más que interesantes Jornadas Educación, Desarrollo y Cambio Social. En los debates y en las mesas de trabajo participaban personas venidas de prácticamente la totalidad de países de América Latina junto a otros y otras que llegaban desde las diferentes comunidades del Reino de España. La Fundación Entreculturas, miembro de la Federación Internacional Fe y Alegría, corrió con una organización que convocaba en torno a una pregunta retadora: ¿Es la educación un instrumento de cambio social?

En la ceremonia inaugural, Elías Royón sj, presidente del Patronato de la Fundación Entreculturas, recordó a los asistentes una historia, la de las escuelas de Fe y Alegría, permanentemente ligadas a la relación entre educación, justicia y cambio social. Retomó las palabras de José María Velaz sj, fundador de Fe y Alegría, para repetir que también hoy, como hace cincuenta años, un niño, una niña, “sin escuela, es un problema para todos”. Elías Royón sj acabó su presentación insistiendo en que no basta inaugurar escuelas, sino que permanentemente los educadores y educadoras deben tener delante preguntas decisivas: “ No bastaba abrir escuelas: era necesario preguntarse qué escuela, para qué alumnos y para qué tipo de sociedad”.

Jorge Cela sj: la transformación de las estructuras que educan

La primera ponencia, a cargo del actual coordinador general de la Federación Internacional Fe y Alegría, el padre jesuita de origen cubano Jorge Cela, abordaba directamente la problemática. La educación, factor de transformación social fue el título con el que planteaba la tesis fundamental:

“ Hoy diríamos que pensamos la educación como abrir el abanico de posibilidades a la persona que se educa, abrirla a la libertad. Una libertad que no es simple posibilidad de escoger entre diferentes opciones, sino que es, sobre todo, definir su opción, con criterios de calidad. Pero esta apertura a la libertad no es sólo interior. No basta con desarrollar las capacidades que permitan nuevas opciones. Es necesario que las capacidades se conviertan en posibilidades para que abran realmente a nuevas oportunidades”.

En una sociedad como las nuestras, en las que ya no existe el pacto de homogeneidad cultural que podíamos intuir en el pasado, la escuela tiene una función diferente. No se puede tratar más, como se trató en su día, de introducir al niño o la niña en los usos, costumbres y saberes de la sociedad a la que se incorpora. Sencillamente porque se trata de una sociedad plural con una poderosa estructura Sin embargo, la misión de la escuela no será tampoco la aceptación acrítica de la diversidad actual marcada por los mecanismos de mercado:

“La fuerza de la sociedad de mercado, del consumismo que promueve, es que su premio es la buena vida: placer, reconocimiento, poder. Y esta oferta funciona hasta para los que nunca llegan a alcanzarla, pero viven aspirando a ella. La lógica del mercado se vuelve así creadora de valores y de nuevos comportamientos. La estructura comienza a educar. Y con mucha mayor eficacia que el simple conocimiento teórico. Es la fuerza del conocimiento productivo en una sociedad marcada por la competencia y el logro.”

Lo asombroso de estas estructuras educadoras es que generan también pobreza e injusticia. En mundo cada vez más rico tiene también y pradógicamente cada vez más pobres. Por eso, para Jorge Cela sj, la dimensión ética debe acompañar a la dimensión instrumental que las estructuras actuales demandan y facilitan:

“Así tenemos que inventar estructuras educativas y sociales que integren la dimensión tecnológica y política de la modernidad en la constitución de sujetos de derechos, ciudadanos y ciudadanas”.

La desesperanza echa raíz en muchos educadores y educadoras cuando se sitúan en la escuela y, desde ella, contemplan una sociedad estructurada poderosamente, casi sin fisuras, en torno a los mecanismos del mercado y los valores de la competitividad y la tecnología. Sin embargo, para Jorge Cela sj, no podemos olvidar que las estructuras cambian. El ponente nos lleva a esta importante consideración:

“La escuela, como parte de la vida, como formadora para la vida, puede ser crisol donde se incuben las nuevas realidades. Y en este momento de “lucha entre valores viejos y nuevos valores, entre valores que promueven el bien común y valores que exaltan el individualismo y lo privado”…de lucha entre dos proyectos de sociedad, lucha entre el proyecto neoliberal que pretende ser hegemónico y el proyecto de sociedad crítica”, la tarea educativa tiene un importante rol en definir el futuro”

 

Rosa María Torres: pobreza y educación

La segunda ponencia, presentada por Rosa María Torres, ex ministra de Educación de la República del Ecuador, zarandeó muchos de los tópicos sobre educación y cambio social. Tras dos décadas de ajustes estructurales económicos, los progresos en alivio de la pobreza y en mejora de la calidad de la educación son “nulos o reconocidamente modestos”. Tras describir la sucesión de fracasos, la ponente insiste en que “los continuados errores y los costos económicos y sociales de la mala asesoría y la mala gestión política y administrativa son asumidos por los pueblos, precisamente por los más pobres, en cuyo nombre se elaboran planes y negocian préstamos”.

El análisis de los discursos oficiales muestra, a juicio de Rosa María Torres, el achicamiento de las aspiraciones. De la lucha por la igualdad y la justicia social se pasa a la mera pretensión de aliviar la pobreza y, en todo caso, la eliminación de la pobreza extrema. Del mismo modo, de la pretensión de una educación básica para todos y todas, hemos pasado a, según los objetivos del milenio, buscar un ciclo de cuatro años de educación primaria. Mientras tanto, la deuda externa ha sido expulsada de los discursos oficiales, negando así la posibilidad de afrontar uno de los impedimentos más poderosos para el desarrollo de los pueblos.

Crisis, alivio o mejoría , no parecen términos apropiados para lidiar con situaciones estructurales que exigen cambios de fondo, incluida la de-construcción del modelo neoliberal que profundiza y amplía hoy la desigualdad a escala mundial. No es por falta de información que, a pesar del fracaso, se continúa haciendo más de lo mismo. Precisamente, el proyecto no es cambiar sino mantener. Los impulsores mundiales del “alivio de la pobreza” y del “mejoramiento de la calidad de la educación” son los mismos que apuntalan el modelo neoliberal y su globalización”.

La ponente insistirá a lo largo de su discurso en la mutua implicación entre justicia económica y justicia educativa. No podemos pensar en una meta de universalización del derecho a la educación si no es dentro de una estructura de relaciones sociales, políticas y económicas diferente. Para poder hacer esas tareas, debemos cambiar los modelos de trabajo y los carriles por los que discurre la cooperación para el desarrollo y el abordaje de los problemas sociales. Hay que hacer converger ejes que, hasta ahora, se entendían como sectores separados:

“Estado con sociedad civil, Política Educativa como Política Social y ésta junto con Política Económica, educación con trabajo, aprendizaje dentro y fuera del sistema escolar, lo presencial y lo virtual, escuela y medios de información y comunicación, escuela con familia, familia con comunidad, lo local, lo nacional y lo mundial. La construcción de esta visión y de modelos alternativos está en marcha en diversas propuestas y experiencias de desarrollo económico y educativo que están naciendo de la mano, embriones de un movimiento integral de desarrollo humano y de defensa de los derechos políticos, económicos, sociales, educativos y culturales”.

La educación, un servicio público de calidad y capaz de transformar

En tres mesas de diálogo se abordaron muchos de los temas que los ponentes habían introducido. La educación como servicio público contó con la participación de Eduardo Vélez (Banco Mundial), de Ricardo Petrella (Universidad de Lovaina) y de Juan Luis Moyano sj, director de Fe y Alegría Argentina. De este último son estas palabras:

“Concebimos a la educación como un bien público del que somos corresponsables: nuestra concepción y, circunstancialmente en la situación actual, la precariedad de la educación pública estatal nos enfrentan a la necesidad de atender desde distintos frentes esta opción: defensa de la educación estatal de calidad a nivel latinoamericano, nacional y local, apoyo a instituciones y personal docente oficial, aporte a la elaboración de políticas públicas, claridad de respuesta ante los procesos de privatización de la educación estatal”.

La mesa dedicada al problema de la gestión de calidad en la educación contó con la participación de Rosa María Torres, que quedó presentada más arriba, de Elena Martín (Universidad Autónoma de Madrid) y Víctor Murillo (Fe y Alegría, Colombia). El diálogo sirvió para mostrar diferentes perspectivas en torno al significado del término “calidad” en función de los contextos sociales, culturales, geográficos y económicos. Mientras que Elena Martín hablaba de equidad en el contexto español, con una propuesta de educación homogénea y obligatoria hasta un mínimo de doce años en el sistema escolar, la realidad de otros contextos se contenta con hablar de mejorar los horarios y la retribución económica del profesorado, garantizar la alimentación de los alumnas y alumnos, o alcanzar unas instalaciones que permitieran el desempeño de la acción educativa sin demasiados obstáculos.

Una tercera mesa abordó la cuestión del horizonte social que se aspira a alcanzar cuando hablamos de educación para la transformación social. Luis Magriñá sj, director general de Servicio Jesuita a los Refugiados, moderó un diálogo, en el que participaron también con sendas comunicaciones, Juana Bengoa (Solidaridad Internacional) y María Bethencourt (Fe y Alegría). La reflexión nos llevó a propuestas que afectan a los diferentes niveles de la acción educativa y se formuló como un reto:

“Seguramente, hacer extensivo este tipo de educación a gran escala, supone para los sistemas educativos nuevos desafíos, en lo político y en lo institucional: replantear su estructura de gestión, establecer consensos, definir las colaboraciones locales y nacionales, rehacer y redistribuir la toma de decisiones, hacerse de un plan de innovaciones, etc. Tomando en consideración la dinámica actual de los países, la turbulencia de los cambios y los intereses en juego, me temo que esta tarea llevará su tiempo”.

¿Qué hacer en cooperación internacional para la educación?

La jornada de clausura comenzó con una mesa debate sobre las observaciones pertinentes a los denominados “objetivos del milenio”. El moderador del debate, Luis Ugalde sj (AUSJAL), recordó las dos metas que dentro de las propuestas del milenio se afectan a la educación: a) garantizar un ciclo de cuatro años de educación básica y b) alcanzar la igualdad de género. La mesa contó con la participación de Eduardo Vélez (Banco Mundial), Enmanuell Fatomma (Campaña Mundial para la Educación), Gloria Angulo (Consultora), y Fernando Casado (Naciones Unidas). El debate alcanzó uno de sus momentos críticos ante la pregunta por los medios y posibilidades reales de alcanzar estos objetivos en el año 2015. Fernando Casado expuso sus convicciones: “Sabemos lo que hay que hacer, sabemos cómo hacerlo, sabemos incluso lo que cuesta y no es demasiado. Falta, sin embargo, la voluntad política”.

Dentro del mismo cuestionamiento, en un segundo coloquio, se planteó la actual situación de la cooperación española con el objetivo del derecho a la educación. Las intervenciones más políticas correspondieron a María Rosa Giradles (AECI) y a Carlos Clemente (Gobierno de Madrid). Luis Arancibia, director adjunto de Entreculturas Fe y Alegría, repasó desde la esperanza la actual situación.

Las intervenciones de la maestra nicaragüense Yerlhin Vilchez y del sacerdote jesuita Fernando Cardenal, actual director de Fe y Alegría Nicaragua, permitieron un aterrizaje concreto de toda la reflexión. El contexto nicaragüense, siempre golpeado por situaciones de tremenda injusticia social o de conflicto bélico, es, sin embargo, el escenario de la lucha de cada día para hacer real el derecho a la educación. Fernando Cardenal acabó su presentación con una afirmación contundente: “A mí no se me ha muerto la esperanza”.

María del Carmen Palmés y Lucas López sj, de la dirección de Radio ECCA Fundación Canaria, participaron como invitados en estas jornadas. Los lazos de trabajo conjunto en América Latina entre Fe y Alegría y Radio ECCA, en el marco de los Institutos Radiofónicos de Fe y Alegría, revelan también un espíritu y una misión común: conseguir que la educación de mejor calidad llegue siempre al mayor número de personas.