| Comenzó la excursión con frío y algo de niebla en el horizonte. Un grupo de excursionistas ateridos de frío en el Balcón de Anaga |
Hubo pasos difíciles. Sin embargo, resultaron cosa sencilla para los intrépidos excursionistas. |
Las cuestas hacia arriba dominaron los primeros momentos. Los barrancos de Anaga son un espectáculo. |
|
|
|
| De pronto, el mar y su espectáculo, con los roques de Anaga dispuestos a dejarnos sorprendidos. |
El Faro de Anaga no tenía que iluminarnos porque, por más que lloviznaba, no había tanta oscuridad. |
Magnífico lugar para comer, a la sombra de una chumbera, que nos protegía de la lluvia. |
|
|
|
| Cuando más pesados estaban los estómagos, los caminos volvieron a empinarse. |
Suerte que no había mucho sol. Gracias a Dios, la Laurisilva nos hubiera protegido de Lorenzo. Claro, llovia. |
Aquí el grupo de guamigos y guamigas al final del intenso itinerario. Agradecidos a los organizadores. |
|
|
|