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Noviembre 2004, primera semana  

Elías Royón es el Provincial de los jesuitas de España. Después de unos años en el gobierno general de la Compañía, como asistente para la Europa Meridional, se acaba de incorporar a este nuevo puesto. Como provincial de España es, a su vez, presidente del Patronato de la Fundación Entreculturas. Esta que viene a continuación es su recibimiento y presentación al inicio de las JORNADAS DE ENTRECULTURAS FE Y ALEGRÍA SOBRE LA EDUCACIÓN Y EL CAMBIO SOCIAL.

Presentación de las Jornadas de Entreculturas Fe y Alegría

En nombre de la Fundación Entreculturas Fe y Alegría España quiero darles la bienvenida a estas jornadas y agradecerles muy sinceramente su presencia aquí esta mañana. Entreculturas organiza estas jornadas coincidiendo con la celebración en Madrid del 35 Congreso del Movimiento Internacional de Educación Popular y Promoción Social Fe y Alegría del que Entreculturas forma parte.

Convergen pues en este acto, varias de las señas de identidad de Etnreculturas. El deseo de promover el intercambio entre el Norte y el Sur de nuestro mundo, favoreciendo el encuentro de personas, instituciones y culturas, concretado hoy en la presencia de tantos amigos y compañeros de América Latina. La vocación de promover la formación, la reflexión y el análisis sobre los principales problemas de la justicia en nuestro mundo, intentando impulsar el desarrollo de propuestas alternativas y realistas. Por último, el convencimiento de que es imprescindible impulsar la educación de calidad para todas las personas pues es un requisito ineludible para la tarea del desarrollo.

La educación, la lucha contra la pobreza y el cambio social es el tema escogido para la reflexión y el diálogo en estas Jornadas. Se trata de una cuestión de indudable vigencia para el futuro de la humanidad. En Entreculturas estamos convencidos de que la educación es uno de los instrumentos más poderosos para contribuir a un cambio social que permita el logro de la justicia en nuestro mundo. Esta convicción no es nueva. Es la misma que alimentó desde sus comienzos a Fe y Alegría. Cincuenta años después, promover la justicia mediante el acceso a la educación es no solo una necesidad sino una urgencia, en un mundo enormemente fragmentado y lleno de contradicciones. Es ésta una buena oportunidad para recorrer someramente los principales hitos marcados por F y A en este terreno a lo largo de estos casi cincuenta años y vislumbrar el camino por recorrer en el futuro.

La relación entre pobreza, educación y justicia fue efectivamente el punto de partida de FyA. Tal vez se nos antoja hoy un tanto paternalista la labor generosa de aquellos universitarios y universitarias que, a medidados de los años cincuenta, subían con Vélaz los fines de semana a un miserable barrio marginal de Caracas, con la idea de iniciar una escuela. Sin embargo, la intuición que les inspiraba era certera. No se trataba simplemente de crear escuelitas para los niños pobres: el tema de la injusticia estructural que determinaba aquella situación, y el de la necesidad de un cambio social, saltaron pronto al primer plano. “Un niño sin escuela es problema de todos”, repetía Vélaz. Todos, no sólo el estado, están implicados en la solución de la problemática de la educación.

Los años 60 y 70 son fecundos y críticos en el mundo de la educación. Mayo del 68 es demoledor frente a las instituciones, en particular frente al sistema educativo. Ese mismo año, la publicación de La crisis de mundial de la educación , de Philip Coombs, remueve los cimientos de la institución escolar. Everett Reimer y John Holt impugnan la capacidad de la escuela para transformar la persona y la sociedad. En América Latina, desde Cuernavaca, Ivan Illich propugna furiosamente la desescolarización y arremete en contra de la “vaca sagrada de la escuela”. El cuestionamiento de la escuela y la desazón de los maestros cunden por toda América Latina. El Informe Faure a la UNESCO (1972), por su parte, sin dejar de reconocer las limitaciones de la escuela, propone como alternativa la “ciudad educativa”, que, partiendo de la escuela, rebasa las paredes del aula. Esta es la orientación que inspirará el proyecto de FyA.

En el ámbito eclesial, en 1968, la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en Medellín, plantea también un nuevo tipo de escuela y de educación: la educación liberadora, eco de la “educación como práctica de la libertad” de Paulo Freire. Medellín denuncia el drama del “vasto sector de los hombres marginados de la cultura” (el lenguaje inclusivo está aún lejano), e impulsa la educación de este sector. Es la primera formulación de lo que en la Conferencia de Puebla (1979) se llamará la “opción por los pobres”. FyA se decanta por esta línea, a través de una educación “integral” en que los pobres son sujetos de su propio desarrollo.

Ese mismo año de 1968, Pedro Arrupe, en la Carta de Río , dirigida a los jesuitas de América Latina, denuncia “las injustas estructuras sociales de los países latinoamericanos”, recuerda que los colegios de los jesuitas deben formar “agentes de cambio social” e invita a desplazar una parte de sus fuerzas “hacia la masa innumerable y creciente de los abandonados”. Educación, justicia y cambio social, primero para Fe y Alegría, y más tarde para Entreculturas estarán en adelante estrechamente entrelazados.

El revuelo que estas contundentes tomas de posición causaron en América Latina es fácil de imaginar. De rechazo, la opción de la Compañía por la justicia educativa había de tener un impacto decisivo en el desarrollo y expansión de FyA. Los clásicos colegios de jesuitas se sienten interpelados e inician un proceso de reconversión. No son pocos los recursos humanos que se desplazan al terreno social y a la educación popular, en particular a FyA. Muchos más todavía son los religiosos y, sobre todo, religiosas que encuentran en FyA el camino para hacer realidad su opción por los pobres. FyA da un auténtico salto cualitativo con la incorporación a sus filas de un consistente núcleo de educadores, que aporta competencia, imaginación y creatividad, y se compromete en la educación de los pobres, en la perspectiva de la justicia y del cambio.

Abrir escuelas para los pobres no podía sino suscitar la acogida y el respaldo de la opinión pública. Pero ¿no acabaría FyA cayendo en la trampa de la escuela reproductora del sistema, criticada por Illich, la escuela legitimadora del orden establecido, la escuela que sutilmente acaba desclasando y alienando a los mismos pobres? No bastaba abrir escuelas: era necesario preguntarse qué escuela, para qué alumnos y para qué tipo de sociedad. FyA tuvo la lucidez de plantearse el problema y se esforzó por diseñar y llevar a la práctica un nuevo tipo de escuela para los pobres y soñar en una nueva sociedad. FyA no se hace ilusiones sobre la capacidad de la educación de inducir cambios estructurales en la sociedad. Pero está persuadida de que no habrá transformación social sin educación; una educación de “otro” estilo.

En el plano financiero, FyA cuenta generalmente con el soporte económico (no siempre suficiente) del estado, en base a convenios. FyA va adquiriendo renombre en el ámbito internacional y consigue también el apoyo financiero de numerosas ONG, entre las cuales destaca evidentemente Entreculturas, nacida en primer lugar con este objetivo, y Agencias de Cooperación Internacional, entre ellas la española. Su práctica educativa incomoda no pocas veces a algunos gobiernos. Términos como “educación liberadora”, “concientización”, o “educación popular” resultan sospechosos para las dictaduras militares de turno. La Declaración de Santa Fe , del gobierno Reagan, pone en guardia ante la teología de la liberación y ante los “medios de difusión, iglesias y escuelas” que se proponen la “elevación de la conciencia”.

Gradualmente, FyA va creciendo y se expande por toda América Latina, hasta constituirse en Federación Internacional. Los campos en que ha incursionado en estos casi cincuenta años son de lo más profuso: educación formal en escuelas y colegios, educación no formal, radiofónica, especial, de adultos, promoción de la mujer, trabajo productivo, talleres, salud, programas con indígenas, con niños de la calle, bilingüismo, pastoral, formación permanente de docentes, edición de textos…

A pesar de su presencia internacional, paradójicamente no fue sino en los años 90, en Jomtien, cuando por primera vez FyA se hizo presente en un foro internacional de la educación. FyA hace suya la propuesta de las “alianzas estratégicas”, promovida por Jomtien, ocupando su espacio propio en el conjunto de la educación, al lado de otros actores. Para FyA, no es el estado el único responsable de la educación, sino la familia en primer lugar, la comunidad, la sociedad civil, incluidos los pobres, protagonistas de su propia educación. FyA se presenta como un servicio educativo público de gestión privada. Su aporte a la educación pública de los distintos países, incluida su participación en varias Reformas Educativas, es indiscutible.

Los años 80, la década perdida, marcan un giro en América Latina y en general en los países del Sur. Las medidas de ajuste estructural caen con todo su peso sobre los pobres. Aparecen en escena nuevas desigualdades. A los pobres de siempre se suman las masas de los nuevos empobrecidos. Caen los muros, se arrían las banderas y las utopías de los años setenta y cunde el desencanto en muchos países ante la frágil democracia recuperada. Con el neoliberalismo, parece haber llegado el fin de la historia. Surge el discurso de los paliativos ante lo irremediable: el rostro humano del desarrollo y de la economía, la transformación productiva “con equidad”, las medidas “compensatorias”. La educación como eje para la transformación social cobra un nuevo sentido.

Este es el espíritu que anima el desarrollo de Entreculturas. Ser una institución capaz de generar movimientos de solidaridad a favor de los más excluidos y ser una vía para canalizar el compromiso de muchas mujeres y hombres, de instituciones públicas y privadas que creen que es posible construir un mundo mejor. Y están convendidos de que la educación es un poderoso instrumento para este fin.

El futuro se presenta lleno de retos. Tanto el Foro Mundial de la Educación, en Dakar, como la Cumbre del Milenio en Naciones Unidas, tienen que reconocer que la innegable expansión de la educación no ha ido a la par con la erradicación de la pobreza. La irrupción de la sociedad de la comunicación y de la información, y la imparable globalización del mercado y de la cultura, presentan a Entreculturas y a FyA, nuevos desafíos para seguir comprometiéndose en la búsqueda de nuevos modelos educativos para los nuevos tiempos. Ellas ponen el acento en la relación entre educación y economía, en la competitividad, en la calidad, en la eficiencia, en la sustentabilidad, en la ecología; pero también en la ética, en los valores, en la inclusión de los excluidos, en el reforzamiento del poder de los pobres, en la participación, en la educación para la ciudadanía y la democracia, en la globalización de la solidaridad. Los retos a FyA, a Entreculturas y a todos nosotros, no han concluido.

Para los que hacemos y animamos Entreculturas, la justicia enraizada en la fe, la apertura a las culturas y el diálogo, con otras confesiones y modos de pensar son dimensiones esenciales de nuestro quehacer. Este es el sentido de “Entreculturas-Fe y Alegría”, que a partir de la educación de los empobrecidos, apuesta por un mundo de justicia y solidaridad. Este es el objetivo de este Seminario en que, compartiendo experiencias y responsabilidades, enfrentaremos con realismo y esperanza los desafíos que se plantean hoy a la educación. Agradezco muy de veras su participación y colaboración. Juntos, trataremos de vislumbrar nuevos horizontes para la educación del futuro. La tarea nos compete a todos, porque “la educación es un problema de todos”. En nombre de la Fundación Entreculturas Fe y Alegría España quiero darles la bienvenida a estas jornadas y agradecerles muy sinceramente su presencia aquí esta mañana. Entreculturas organiza estas jornadas coincidiendo con la celebración en Madrid del 35 Congreso del Movimiento Internacional de Educación Popular y Promoción Social Fe y Alegría del que Entreculturas forma parte.

Convergen pues en este acto, varias de las señas de identidad de Etnreculturas. El deseo de promover el intercambio entre el Norte y el Sur de nuestro mundo, favoreciendo el encuentro de personas, instituciones y culturas, concretado hoy en la presencia de tantos amigos y compañeros de América Latina. La vocación de promover la formación, la reflexión y el análisis sobre los principales problemas de la justicia en nuestro mundo, intentando impulsar el desarrollo de propuestas alternativas y realistas. Por último, el convencimiento de que es imprescindible impulsar la educación de calidad para todas las personas pues es un requisito ineludible para la tarea del desarrollo.

La educación, la lucha contra la pobreza y el cambio social es el tema escogido para la reflexión y el diálogo en estas Jornadas. Se trata de una cuestión de indudable vigencia para el futuro de la humanidad. En Entreculturas estamos convencidos de que la educación es uno de los instrumentos más poderosos para contribuir a un cambio social que permita el logro de la justicia en nuestro mundo. Esta convicción no es nueva. Es la misma que alimentó desde sus comienzos a Fe y Alegría. Cincuenta años después, promover la justicia mediante el acceso a la educación es no solo una necesidad sino una urgencia, en un mundo enormemente fragmentado y lleno de contradicciones. Es ésta una buena oportunidad para recorrer someramente los principales hitos marcados por F y A en este terreno a lo largo de estos casi cincuenta años y vislumbrar el camino por recorrer en el futuro.

La relación entre pobreza, educación y justicia fue efectivamente el punto de partida de FyA. Tal vez se nos antoja hoy un tanto paternalista la labor generosa de aquellos universitarios y universitarias que, a medidados de los años cincuenta, subían con Vélaz los fines de semana a un miserable barrio marginal de Caracas, con la idea de iniciar una escuela. Sin embargo, la intuición que les inspiraba era certera. No se trataba simplemente de crear escuelitas para los niños pobres: el tema de la injusticia estructural que determinaba aquella situación, y el de la necesidad de un cambio social, saltaron pronto al primer plano. “Un niño sin escuela es problema de todos”, repetía Vélaz. Todos, no sólo el estado, están implicados en la solución de la problemática de la educación.

Los años 60 y 70 son fecundos y críticos en el mundo de la educación. Mayo del 68 es demoledor frente a las instituciones, en particular frente al sistema educativo. Ese mismo año, la publicación de La crisis de mundial de la educación , de Philip Coombs, remueve los cimientos de la institución escolar. Everett Reimer y John Holt impugnan la capacidad de la escuela para transformar la persona y la sociedad. En América Latina, desde Cuernavaca, Ivan Illich propugna furiosamente la desescolarización y arremete en contra de la “vaca sagrada de la escuela”. El cuestionamiento de la escuela y la desazón de los maestros cunden por toda América Latina. El Informe Faure a la UNESCO (1972), por su parte, sin dejar de reconocer las limitaciones de la escuela, propone como alternativa la “ciudad educativa”, que, partiendo de la escuela, rebasa las paredes del aula. Esta es la orientación que inspirará el proyecto de FyA.

En el ámbito eclesial, en 1968, la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, en Medellín, plantea también un nuevo tipo de escuela y de educación: la educación liberadora, eco de la “educación como práctica de la libertad” de Paulo Freire. Medellín denuncia el drama del “vasto sector de los hombres marginados de la cultura” (el lenguaje inclusivo está aún lejano), e impulsa la educación de este sector. Es la primera formulación de lo que en la Conferencia de Puebla (1979) se llamará la “opción por los pobres”. FyA se decanta por esta línea, a través de una educación “integral” en que los pobres son sujetos de su propio desarrollo.

Ese mismo año de 1968, Pedro Arrupe, en la Carta de Río , dirigida a los jesuitas de América Latina, denuncia “las injustas estructuras sociales de los países latinoamericanos”, recuerda que los colegios de los jesuitas deben formar “agentes de cambio social” e invita a desplazar una parte de sus fuerzas “hacia la masa innumerable y creciente de los abandonados”. Educación, justicia y cambio social, primero para Fe y Alegría, y más tarde para Entreculturas estarán en adelante estrechamente entrelazados.

El revuelo que estas contundentes tomas de posición causaron en América Latina es fácil de imaginar. De rechazo, la opción de la Compañía por la justicia educativa había de tener un impacto decisivo en el desarrollo y expansión de FyA. Los clásicos colegios de jesuitas se sienten interpelados e inician un proceso de reconversión. No son pocos los recursos humanos que se desplazan al terreno social y a la educación popular, en particular a FyA. Muchos más todavía son los religiosos y, sobre todo, religiosas que encuentran en FyA el camino para hacer realidad su opción por los pobres. FyA da un auténtico salto cualitativo con la incorporación a sus filas de un consistente núcleo de educadores, que aporta competencia, imaginación y creatividad, y se compromete en la educación de los pobres, en la perspectiva de la justicia y del cambio.

Abrir escuelas para los pobres no podía sino suscitar la acogida y el respaldo de la opinión pública. Pero ¿no acabaría FyA cayendo en la trampa de la escuela reproductora del sistema, criticada por Illich, la escuela legitimadora del orden establecido, la escuela que sutilmente acaba desclasando y alienando a los mismos pobres? No bastaba abrir escuelas: era necesario preguntarse qué escuela, para qué alumnos y para qué tipo de sociedad. FyA tuvo la lucidez de plantearse el problema y se esforzó por diseñar y llevar a la práctica un nuevo tipo de escuela para los pobres y soñar en una nueva sociedad. FyA no se hace ilusiones sobre la capacidad de la educación de inducir cambios estructurales en la sociedad. Pero está persuadida de que no habrá transformación social sin educación; una educación de “otro” estilo.

En el plano financiero, FyA cuenta generalmente con el soporte económico (no siempre suficiente) del estado, en base a convenios. FyA va adquiriendo renombre en el ámbito internacional y consigue también el apoyo financiero de numerosas ONG, entre las cuales destaca evidentemente Entreculturas, nacida en primer lugar con este objetivo, y Agencias de Cooperación Internacional, entre ellas la española. Su práctica educativa incomoda no pocas veces a algunos gobiernos. Términos como “educación liberadora”, “concientización”, o “educación popular” resultan sospechosos para las dictaduras militares de turno. La Declaración de Santa Fe , del gobierno Reagan, pone en guardia ante la teología de la liberación y ante los “medios de difusión, iglesias y escuelas” que se proponen la “elevación de la conciencia”.

Gradualmente, FyA va creciendo y se expande por toda América Latina, hasta constituirse en Federación Internacional. Los campos en que ha incursionado en estos casi cincuenta años son de lo más profuso: educación formal en escuelas y colegios, educación no formal, radiofónica, especial, de adultos, promoción de la mujer, trabajo productivo, talleres, salud, programas con indígenas, con niños de la calle, bilingüismo, pastoral, formación permanente de docentes, edición de textos…

A pesar de su presencia internacional, paradójicamente no fue sino en los años 90, en Jomtien, cuando por primera vez FyA se hizo presente en un foro internacional de la educación. FyA hace suya la propuesta de las “alianzas estratégicas”, promovida por Jomtien, ocupando su espacio propio en el conjunto de la educación, al lado de otros actores. Para FyA, no es el estado el único responsable de la educación, sino la familia en primer lugar, la comunidad, la sociedad civil, incluidos los pobres, protagonistas de su propia educación. FyA se presenta como un servicio educativo público de gestión privada. Su aporte a la educación pública de los distintos países, incluida su participación en varias Reformas Educativas, es indiscutible.

Los años 80, la década perdida, marcan un giro en América Latina y en general en los países del Sur. Las medidas de ajuste estructural caen con todo su peso sobre los pobres. Aparecen en escena nuevas desigualdades. A los pobres de siempre se suman las masas de los nuevos empobrecidos. Caen los muros, se arrían las banderas y las utopías de los años setenta y cunde el desencanto en muchos países ante la frágil democracia recuperada. Con el neoliberalismo, parece haber llegado el fin de la historia. Surge el discurso de los paliativos ante lo irremediable: el rostro humano del desarrollo y de la economía, la transformación productiva “con equidad”, las medidas “compensatorias”. La educación como eje para la transformación social cobra un nuevo sentido.

Este es el espíritu que anima el desarrollo de Entreculturas. Ser una institución capaz de generar movimientos de solidaridad a favor de los más excluidos y ser una vía para canalizar el compromiso de muchas mujeres y hombres, de instituciones públicas y privadas que creen que es posible construir un mundo mejor. Y están convendidos de que la educación es un poderoso instrumento para este fin.

El futuro se presenta lleno de retos. Tanto el Foro Mundial de la Educación, en Dakar, como la Cumbre del Milenio en Naciones Unidas, tienen que reconocer que la innegable expansión de la educación no ha ido a la par con la erradicación de la pobreza. La irrupción de la sociedad de la comunicación y de la información, y la imparable globalización del mercado y de la cultura, presentan a Entreculturas y a FyA, nuevos desafíos para seguir comprometiéndose en la búsqueda de nuevos modelos educativos para los nuevos tiempos. Ellas ponen el acento en la relación entre educación y economía, en la competitividad, en la calidad, en la eficiencia, en la sustentabilidad, en la ecología; pero también en la ética, en los valores, en la inclusión de los excluidos, en el reforzamiento del poder de los pobres, en la participación, en la educación para la ciudadanía y la democracia, en la globalización de la solidaridad. Los retos a FyA, a Entreculturas y a todos nosotros, no han concluido.

Para los que hacemos y animamos Entreculturas, la justicia enraizada en la fe, la apertura a las culturas y el diálogo, con otras confesiones y modos de pensar son dimensiones esenciales de nuestro quehacer. Este es el sentido de “Entreculturas-Fe y Alegría”, que a partir de la educación de los empobrecidos, apuesta por un mundo de justicia y solidaridad. Este es el objetivo de este Seminario en que, compartiendo experiencias y responsabilidades, enfrentaremos con realismo y esperanza los desafíos que se plantean hoy a la educación. Agradezco muy de veras su participación y colaboración. Juntos, trataremos de vislumbrar nuevos horizontes para la educación del futuro. La tarea nos compete a todos, porque “la educación es un problema de todos”.