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Cuadro de texto: ANCHIETA  Red ignaciana - Canarias   
Octubre 2004, cuarta semana  

José Antonio Morillas Brandy nació en Jaén hace ya medio siglo y un poco. Es jesuita, doctor en Historia, con una tesis sobre el clero disidente durante la segunda república. Vive en Canarias desde hace ya más de década y media. Ahora, en concreto, vive en La Isleta, donde ejerce de párroco. También colabora en el colegio de San Ignacio. Cuando pasea por su casa, José Antonio Morillas va vestido con trajes provenientes del norte de África. No resulta extraño que un vecino de La Isleta lo mire y se pregunte en qué patera llegó y de dónde proviene exactamente.

Viaje por Marruecos

Mi primera aproximación a las tierras del magreb no comenzó con buen pie: El avión iba repleto y me dejaron en tierra. Pero, al fin, pude embarcarme en Algeciras y llegar a Tánger, donde las monjas paúles del Hospital Español me aguardaban.

Iba con mucha ilusión -algo llevaremops en la sangre si estuvieron los árabes en Al-Andalus ocho siglos- pero también con inquietud ya que era la primera vez que me estrenaba dando EE y más en tierras musulmanas. Sin embargo, creo que Allah y Yahveh se aliaron y la cosa no salió tan mal.

Una segunda adversidad llegó en la aduana del puerto tangerino. Un gendarme se empeñaba en registrar mis papeles y libros dudando si no sería un agitador político. Al final, una de las religiosas le dijo que yo era "padre misionero" y que no temiera ningún complot contra Hassan II. Eso sí, el policía uniformado, señalando al crucifijo que colgaba de mi cuello, casi enojado afirmó con convicción: " Ése es Cristo, el profeta bueno, pero no murió así". No supe reaccionar aunque sí recordaba de mis estudios sobre Historia de las Religiones que esa muerte atroz -para nosotros demasiado comercializada- es rechazada por los musulmanes, que no pueden imaginar la muerte de Cristo como si fuera un vulgar criminal (así como que Dios no puede tener hijos, pues es Único). A pesar de los cuestionamientos de la fe cristiana, yo tenía prisa en salir ya del puesto policial y de iniciar mi andadura geográfica y espiritual por las tierras del Islam. Me fue fácil olvidar la incidencia.

Más tarde, ya en la "Maison de la Paix" (Casa de la Paz, shalom), cuando entré a orar en la capilla pude descubrir la fina sensibilidad de las religiosas que habían puesto una gran cruz en el altar mayor, pero sin figura, desnuda, para no herir sentimientos de otros. Y lo más importante: era un recinto de paz, de acogida, de estudio para chavales venidos de otros países africanos que no tenían sitio material para repasar las materias de la Universidad Mohamed V. Cuando salía a pasear por unos jardines cercanos a la casa me extrañaba ver muchos estudiantes, ¡la juventud numerosa que ya en Europa es rara avis!, paseando o sentados sobre el cesped, leyendo y estudiando. Es que las casas son pequeñas y al haber muchos miembros es un lujo disponer de una habitación tranquila.

Al estar en pleno mes de ayuno, Ramadán, era obligación retrasar el apetito hasta la tarde. Pero yo iba muerto de hambre y tampoco las religiosas que me llevaban hasta la capital del reino alahuita habían comido. Nada más pararnos en la carretera, en cuanto destapamos las viandas, pasaron unos campesinos y nos recriminaron la falta de respeto a tan sagrado mandato. Por lo que terminamos rápidamente la colación y reanudamos el largo camino. En medio de estos avatares, propios de un país teocrático, aunque sunní (no tan exacerbado como el de países de mayoría chiíta), me llamaba la atención, estando tan cerca de nosotros, sobre todo de Canarias, la pobreza, la suciedad de las calles, las cabras comiendo papeles y plásticos (no hace falta recogida seleccionada de basura), tantos mendigos y los grandes cartelones de tráfico de las carreteras: ¡claro que sí, allí las gafas son artículo de lujo!

Pero también comprendía con qué pocas cosas la gente se contenta, cuando la escasez es tan grande. Así, los chavales que pedían un dirham y cuando uno respondía: "pas dárgent, je suis prêtre missionaire", se ponían contentos si le dabas un caramelo o un bolígrafo, instrumento al decorativo, quizá para estos incipientes ciudadanos que no iban al colegio. Sus ojos tan expresivos, grandes, abiertos a lo de occidente .... pero demostrando que no todo lo importante es lo crematístico, lo lucrativo, lo eficaz, lo pragmático... Cuando los veía jugando entre el terreno escabroso , con un flotador de la cisterna de un WC de algún urbanícola (pues allá la toilette está ausente) me unía a ellos y disfrutábamos del choque futbolístico, olvidando a Nike, Adidas, Reebok, etc.   

Pero la huella más profunda en mi segunda estancia, ya en Midelt donde un SJ sicólogo lleva casi 20 años con su humilde presencia y deseos de dar cultura, promoción de la mujer, instalaciones higiénicas, etc, fue la ida a Tatiuin donde una fraternidad de Franciscanas Misioneras de María atiende un dispensario, han creado con Antonio el jesuita, una cooperativa para venta de alfombras y otros complementos textiles, un baño público para hombres y todo cuanto suponga ayudar a mejorar esta zona deprimida de habitantes del Medio Atlas. Allí esta comunidad inter-congregacional "vive, educa, ama y comparte".¿Es que no es "evangelio vivo"? Nada de religión explícita, pero en el callado trabajo, en el saber estar, en el acompañar en las alegrías y en las vicisitudes, allá está Xto y algunos de sus testigos. Al estar prohibido todo tipo de proselitismo religioso, uno tiene que poner entre paréntesis su dimensión apostólica, pero nunca debe quedar ausente el HUMANISMO, el cariño, el silencio amoroso, el reir y cantar, danzar al son de una vida que late y quiere salir a borbotones para ver otra LUZ .... Allí uno vuelve a recordar aquel proverbio árabe: "La amistad es como la sangre, que acude a la herida aunque no se la llame". Y Cristo nos llamó y nos trató como AMIGOS y nos encargó que llevásemos esas relación humana a muchos rincones de este mundo.