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A Luis Cobiella se le conoce por muchas cosas. Hace poco lo escuchamos en el pregón de las fiestas del Cristo, en La Laguna. Fue el primer Diputado del Común de la Comunidad Canaria. Luis Cobiella colabora con Radio ECCA en el programa ACLARANDO EL DÍA. |
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| Pasar la noche orando | ||||||||||
Para una persona del siglo XXI no es difícil imaginar la gravedad del momento decisivo en que Jesús elige doce apóstoles para anunciar el Reino: casi todos hemos pasado una noche entera cavilando con deseo de acertar en la decisión a tomar el día siguiente. Pero a una persona del siglo XXI le es difícil imaginar en qué consiste pasar la noche orando a Dios. A tientas, entre amagos de intuición y sabor de misterio, pienso en primer lugar que pasar la noche orando es mucho más importante que acertar en una decisión organizativa. Que orar tiene que ver con algo así como sentirse solo, no abandonado, sino solo, sin compañía, sobre todo sin la compañía de uno mismo. Que orar durante una noche es no tener conciencia de que en una noche transcurren minutos, uno tras otro, desde el primero hasta el minuto número quinientos; lo que no es exactamente prescindir del tiempo sino más bien no necesitarlo para estar: sucedería entonces el acceso a una libertad no usada, cuya sensación principal sería la sensación de normalidad definitiva, en la que fuera igualmente normal orar durante toda una noche, nombrar apóstoles, curar enfermos y dar paz a los atormentados, todo ello en una normal continuidad, de modo que pudiera decirse que curar enfermos y dar paz a los atormentados es estar en oración. En general fue una acertada elección la de Jesús, pero con algunos fallos: Judas lo traicionó, Pedro lo negó, y esto último no parece menos grave que la traición; pero nunca le falló pasar la noche orando a Dios: ese misterioso regusto de eternidad, esa normalidad definitiva de ser Dios: es entonces cuando a Jesús le inunda la divina sensación de ser querido, de que, siendo infinito, ha cabido el amor dentro de él. Y es así cómo los del siglo XXI entendemos que la gente tratara de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos: lo entendemos: se trata de una respuesta del amor recibido en una noche de oración. |
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