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Revista digital de reflexión y diálogo. Del 3 al 9 de Abril
Taizé en Milán: año nuevo 2006 (II).
Por Eukene Nikuesa.

Eukene estuvo en el encuentro anual que, cada cambio de año, organiza la comunidad de Taizé en algún lugar de Europa. La segunda entrega.

Otra cosa no pero organizar.. Taizé organiza de miedo, no se les escapa una. Llegué y alguien me sonrió, me hizo quitarme la mochila y me indicó que me sentara. Estaba siendo acogida, lo mismo que haría yo dos días después. Me explicaron todo a la par que a dos chicas húngaras con las que luego me fui a dormir a la otra punta de la ciudad a un colegio. Antes de irnos nos dieron un mapa de Milán y una tarjeta de transporte que me permitía moverme por la ciudad sin tener que pagar nada. En el colegio, a pesar de que era tarde había un grupo de voluntarios que nos acogieron, nos explicaron donde podíamos dormir, el baño etc,etc. Mis dos nuevas compañeras húngaras hablaban húngaro e italiano así que utilizamos para comunicarnos las dos palabras que yo sé decir en húngaro, su italiano, el que yo era capaz de hablar, buena voluntad, muchas sonrisas y ganas de compartir.

Durante dos días ese pabellón fue mi casa y las chicas húngaras mi familia. Compartía con ellas cómo me había ido el día ya que al ser española yo tenía que ayudar ( muy a mi pesar, yo quería estar con la gente del Este, aprender de ellos y compartir con ellos) en la acogida española.

No hay mal que por bien no venga ya que en mi compartir con los españoles que habían ido antes como yo a ayudar me divertí mucho, aprendí mucho y encontré gente muy especial. La variedad de gente, de edades, de ocupaciones y de motivos que cada uno de los allí presentes teníamos era inmensa. Mucha gente había acudido con su propio grupo , dispuestos a conocer gente y a compartir pero desde su grupo. Otros muchos eran incondicionales de Taizé que siempre acudían a este tipo de eventos para ayudar y los hermanos ya los conocen.

En Taizé todo es humilde. Todos los actos se iban a desarrollar en la Antigua Feria de Exposiciones de Milán. Eran pabellones inmensos, fríos y desangelados. Además hacía mucho frío, nevó un montón, llovió con lo cual esos lugares todavía parecían más desangelados. El trabajo se dividió por equipos. A nosotros, el equipo de circulación, se nos pidió que con el poco mobiliario que había en los pabellones, básicamente extintores, algunas cadenas, muy pocas mesas y algunos bancos junto con cartulina, rotuladores y papel que nos proporcionó Taizé señalizáramos el pabellón. La idea era que uno al entrar, en un golpe de vista tenía que localizar rápido y fácil el baño, las distintas estancias por las que tenía que pasar para que le fueran explicando dónde se iba a quedar esos días en Milán, cuál era el trabajo que tenía que hacer, en qué consistía el encuentro, cómo funcionaba todo. En principio íbamos a compartir pabellón con los polacos que eran 15000 y todo tenía que estar muy claro para que no se formaran atascos, hubiera pérdida de equipajes o confusión. Tras un rato de trabajo, muchas risas e imaginación ese pabellón nº 23 ya no era ni tan frío ni tan desangelado.

Los otros dos equipos eran encargados de explicar a la gente en qué consistía el encuentro, con qué cosas había que tener cuidado ( ser agradecidos con las familias que nos iban a acoger, trabajar y colaborar en las distintas parroquias que nos acogían). Al final de esa jornada de trabajo, todos los que allí estábamos teníamos claro el trabajo de todos. El hermano Antoine nos insistía en sentir esa acogida, en que nos teníamos que dar cuenta de que la gente llevaba mucho tiempo de viaje, en general autobús, en que aunque llegaran tarde nunca decir “oh llegais tarde” sino “ qué bien que habéis venido”… nos insistía y mucho en la importancia de sonreír, de ser amables. Y me sorprendió la capacidad de trabajo de esos hermanos con todos nosotros jóvenes. Sin nosotros ese trabajo no hubiera sido posible y se nos daba la oportunidad de implicarnos en el encuentro y a la vez el tremendo respeto de todos por lo que nos pudieran decir los Hermanos de Taizé. Al día siguiente a las 5.30 de la mañana nos levantamos para poder estar con todo listo en la Feria a las 7 y nadie protestó, nadie se escaqueó de trabajar todos estábamos allí.

Vi muchas cosas ese día, gentes distintas que iban llegando pero hubo algo que me sorprendió y que quiero compartir de forma especial. Una chica tenía la tarea de repartir a la gente que fuera viniendo en pequeños grupos para que les dieran las primeras explicaciones.. Esa chica tenía la lista de todos los españoles que acudían a Milán y todos tenían que hablar con ella en principio. El equipo de circulación tenía que acompañar desde la puerta a los recién llegados para hablar con esta chica. Había un tipo que conocía muy bien Taizé, los encuentros de Navidad, cómo se organizaba todo y llegó para ayudar porque le pidieron que por favor estuviera aunque no hacía falta, había gente más que suficiente, los equipos ya estaban hechos y el trabajo ya estaba repartido. Le asignaron mi equipo que era “ a priori el más humilde”, nosotros sólo acompañábamos a la gente… nada más.

Y las horas fueron pasando y la mañana desde las 7 es larga y cada uno tiene el carácter que tiene, el caso es que a la chica responsable se le fue subiendo la vena de mando y al principio fue algo sólo entre nosotros pero cuando estábamos a mitad de mañana eso llegó a afectar a la gente que llegaba al encuentro. .. y a todos nos sorprendió.

Las personas al llegar exponían sus circunstancias, casi siempre pequeñas peticiones muy normales y muy entendibles que la persona responsable negaba de forma tajante y hasta altanera casi siempre. De pronto por detrás y sin quitarle poder o negarle autoridad a la chica responsable un chico se acercaba a la persona descolocada por la frialdad y la contestación y le sonreía. Como había presenciado muchas veces la “pequeña discusión” sabía qué había pasado y le ofrecía una solución.. algo así como un pequeño truco un “mira, ahora cuando hables con la persona que te va a dar casa tu le explicas lo que te pasa”… y esa misma persona con la mochila volvía a recuperar la sonrisa y olvidaba esa primera impresión tan mala.

Me hizo recordar esa escena repetida una y otra vez durante ese día muchas veces lo que pasa en la iglesia normal, en la iglesia de a pie.. Cuanta y cuanta gente humilde y porque lo siente, sin necesitar el reconocimiento de nadie hacen lo que parte de la alta jerarquía a veces no hace.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.