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Revista digital de reflexión y diálogo. Del 27 de Marzo al 2 de Abril
“Lo aberrante” se ha convertido en “lo normal”: inmigrantes muertos sobre el mar.
Por Elias López sj.
Foto de Elias López sj.

Elías López sj vive en Lovaina. Trabaja para el Servicio Jesuita de Refugiados. Nos invita a reflexionar a partir del drama de las pateras que llegan a las costas de nuestras islas .

En mi trabajo, a 20 minutos en coche de Brusselas, en Lovaina, seguía hace unos días el Telediaro de las 15 hs. en el Canal Internacional de RTVE. La periodista Ana Blanco decía: “Unos 3,500 inmigrantes han llegado a las costas Canarias en lo que llevamos de año. Cifras record.”

El Servicio Jesuita a Refugiados dentro y junto al Apostolado Social de los jesuitas comparte una prioridad con la Iglesia y con la sociedad: atender humanamente a tanta gente forzada a abandonar sus hogares y familias por motivos de sufrimientos, violencias e injusticias locales y globales. Pero esto no es suficiente; hay que pasar de la asistencia a inmigrantes hacia la acción transformadora de las estructuras globales de relaciones internacionales de poder y economía injustas. Es decir, hay que hacer desaparecer los motivos que los hacen abandonar sus hogares.

El reto siempre es trabajar en asistencia y ayuda al desarrollo sin olvidar cambiar las causas a la raíz de las migraciones para dar soluciones estructurales sostenibles. Hoy los analistas (UN, BM, estudios de conflicto y paz sostenible) tienen dificultad en distinguir entre estas tres causas en las migraciones: conflictos armados, pobreza, y degradación medioambiental. Estas tres causas, en su conjunto, son responsables de distintos tipos de violencias que atropellan a niños y niñas, personas de la tercera edad, mujeres y hombres en el conjunto de sus derechos humanos y, en concreto, en su derecho a una vida justa y en paz. Es difícil poner un punto de distinción muy claro entre estas tres causas. Las tres son muy interdependientes en un mundo complejamente globalizado, interrelacionado: los conflictos armados son dependientes de economías de mercado y empresas nacionales y transnacionales que dan la vuelta al mundo. La actividad económica no sólo es responsable de muertes de balas sino que contribuye a la degradación del medio ambiente que también mata y hace emigrar. Se hace necesario actuar sabiendo estas íntimas conexiones en las causas si se quiere ser efectivo en las soluciones estructurales para las victimas que emigran.

Diagrama de las casusas de las victímas en migración

En todo el mundo hay unos cuarenta millones de refugiados, desplazados y demandantes de asilo a causa de conflictos armados. De esos, unos dos millones han escapado de la violencia armada de Darfur en Sudán, y el este del Chad. En la guerra de la R.D. de Congo, unos cuatro millones de personas han sido matadas directa o indirectamente con la destrucción del soporte social estructural como hospitales, acceso al agua potable, tierras de cultivo u otros medios de producción. Cada día siguen muriendo más de mil personas debido a estas causas violentas. Junto al caos de la guerra, la falta de Estado y la mala “gobernanza”, nos encontramos asociado el robo sistemático de recursos naturales (oro, diamantes, cobalto…). Un ejemplo extremadamente destructivo es la tala de las selvas que ha atraído la avaricia de compañías nacionales y transnacionales.

En varias regiones estratégicas del mundo, las economías de guerra se esfuerzan en garantizar el acceso a las fuentes de petróleo para el consumo cada vez mayor de países desarrollados y en vías de desarrollo. Más del noventa por ciento de todo lo que consumimos es dependiente del petróleo. Pero ya tenemos certeza suficiente de que precisamente ese consumo es responsable del calentamiento global y del deterioro medio ambiental. Naciones Unidas ha dicho que en cinco años tendremos en todo el mundo cincuenta millones de personas refugiadas por motivos medioambientales, número mayor que el de los buscan refugio debido a las guerras. El incremento de temperaturas puede explicar en parte el incremento de la malaria en regiones de África. Una de cada cinco personas en la Tierra vive con menos de un euro diario donde su pobreza les impide comprar para sus camas una red antimosquitos, insecto responsable de la malaria. La malaria mata cada año unos tres millones de personas en el mundo. De los seis millones y medio de personas infectadas con SIDA que viven en los países en vías de desarrollo y necesitan medicación, sólo un millón tienen capacidad de acceder a ella. África tiene más de doce millones de huérfanos por SIDA. Más de veinticinco millones de infectados hay en el África sub-sahariana. En el año 2005 más de tres millones de nuevos infectados y más de dos millones de muertes en África.

Enfermedades, violencia armada, hambre, sequías desplazan a muchos africanos y africanas hasta nuestras costas en Europa, en Canarias. Buscan lo que todos y todas buscamos: una mejor vida. Pero la vida mejor, para muchas de estas personas, tiene el objetivo de pasar de la vida bajo seria amenaza, una vida de supervivencia, a una vida más segura mientras hace los trabajos que no queremos hacer quienes vivimos ya en nuestros países occidentales.

En un mundo más y más globalizado y globalizador, nos sentimos afectados por el creciente número de people on the move –gente que se desplaza-. Todos y todas estamos afectadas por lo que pasa cada uno y cada una. Además, cada uno y cada una estamos llamados a ser responsables de todos y todas. También por interés propio y el de nuestros nietos y nietas. En el mismo Telediario de Ana Blanco entrevistaban a un trabajador de la Cruz Roja atendiendo a los inmigrantes llegados a las islas. Él decía que la gente generosa y sensible con el drama de los cayucos de estas últimas semanas le paraban por la calle y le preguntaba: “¿Qué necesitan, mantas, comida…?” Bonito ¿Verdad? Nos sentimos responsables del drama de estas personas; podemos empatizar con el sufrimiento de otros y otras que respiran el mismo aire que respiramos aquí, dentro de una misma atmósfera bajo las mismas estrellas del firmamento. Somos conscientes de que no han tenido la “suerte” de nacer con la estrella que hemos nacido quines caímos a este lado del planeta llamada Desarrollo. Lo genial sería que aparte de dar mantas y comida exigiéramos a quines nos representan en el gobierno y las instituciones políticas que hagan algo para parar lo que probablemente podamos llamar genocidio, Darfur. Debemos exigir a nuestros gobiernos que bajen aquellas barreras proteccionistas en el comercio global tan injusto que nos hace más ricos y que, de camino, mantiene en la pobreza a tantos pueblos enteros. ¿Estamos dispuestos a permitir que eso afecte nuestros bolsillos? ¿Qué pasó con la campaña que exigía a nuestras instituciones la necesidad de traspasar el 0,7 % de nuestro P.I.B a la ayuda al desarrollo sostenible? ¿Y la de la deuda externa sigue adelante? Debemos, también, exigir el cumplimiento de los tratados de control de la contaminación (España es el país que más contamina de la Unión Europea) y exigir urgentemente energías limpias alternativas. Tony Blair dice que el medioambiente es el problema más importante y urgente que tenemos a nivel internacional. Pero que los políticos, continúa diciendo, hacen poco para cambiar pues el medio ambiente no es rentable para la economía; y si no lo es para la economía tampoco para los votos ¿Es cierto que los políticos, como nos da a entender Blair, nos dan pan y circo y los votamos? ¡Cuántas llamadas de teléfono para votar en concursos de televisión quién es el más guapo y simpático! ¡Si esos beneficios del circo se dedicaran a cultivar campos de trigo que dieran pan!

Dar mantas y comida en vez de pan y circo, aunque un gesto necesario, no es suficiente. Seamos claros: ¿Qué pedimos a quienes nos gobiernan para que aparezcan en sus programas a la hora de ir a las urnas? ¿A qué beneficios materiales a nivel estructural vamos a ser capaces de renunciar, en nuestros países desarrollados, para que los africanos que llegan a nuestras costas tengan soluciones estructurales en sus países de origen y no tengan que poner en riesgo sus vidas al montarse en los cayucos? Mantas y comida, genial… ¿Y además? Tenemos que recuperar el poder de nuestro voto, tenemos que llenar la democracia de sentido y humanidad universal con programas políticos que acaben con tanta muerte. Miente quien dice que no podemos hacer nada. Los que no se acostumbran a que lo aberrante sea lo normal no viven instalados en la cultura de la mentira y la impotencia. Dicen que más vale encender un candil que dedicarse toda la vida a lamentar y maldecir la oscuridad: lo mal que está todo y nuestra impotencia para hacer nada. Tu candil lo tienes al alcance de tu mano ¿Ya lo has encendido? Necesitamos todos los candiles encendidos. El tuyo también: llama aberrante a lo que no es normal y trabaja por cambios estructurales ¿Colaboras con alguna organización que trabaje en esta línea?

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.