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Revista digital de reflexión y diálogo. Del 27 de Marzo al 2 de Abril
Taizé en Milán: año nuevo 2006 (I).
Por Eukene Nicuesa.

Eukene estuvo en el encuentro anual que, cada cambio de año, organiza la comunidad de Taizé en algún lugar de Europa.

Me dispongo a contar una aventura. Tuve la suerte de vivirla esta Navidad.

Las aventuras no pasan porque sí, muchas veces uno sólo las vive si las busca, si las desea… si las anhela. Y sólo quien las buscó entenderá mucho de lo que voy a contar.

El hermano Roger de Taizé ha propuesto a los jóvenes europeos durante los últimos 28 años una “Peregrinación en confianza a través de la Tierra”. Este encuentro, esta peregrinación siempre tenía lugar hacia final de año y el lugar ha ido rotando por las ciudades europeas. El año pasado tuvo lugar en Lisboa, este año fue en Milán y el próximo año será en Zagreb.

Es curioso que Roger de Taizé siempre hablara de confianza y este verano fuera asesinado en Taizé en mitad de la oración de la noche…. Cuando me enteré de su muerte en verano, lloré y me dolió. Su figura, su obra, la manera en la que siempre se dirigía a los jóvenes, la coherencia que encontré en Taizé…hacían que Roger de Taizé fuera una de las pocas personas a las que yo les concedía mi respeto, mi cariño y mi admiración. Para mí, Roger de Taizé, representa a una jerarquía de la IGLESIA (en mayúsculas a propósito), una IGLESIA universal y sencilla, centrada en el EVANGELIO. Roger de Taizé vivió como una verdad tangible la UNIÓN DE LAS IGLESIAS CRISTIANAS y por su talante y su respeto se ganó el cariño de todos. La comunidad de Taizé comparte de forma habitual con el Papa de Roma, los obispos ortodoxos, la iglesia anglicana, la iglesia evangélica, …, hasta con los cristianos coptos. Taizé , el estilo de Taizé agrupa a todos en un lazo y ninguno se siente desplazado dentro de ese lazo. Y yo quería vivir eso otra vez y digo otra vez porque tuve la suerte de vivirlo hace dos años y medio en Taizé, en Francia donde la Comunidad de Hermanos de Taizé acoge a cualquiera que quiera viajar hasta allí.

Taizé es una pequeña aldea situada en la Borgoña francesa. Llegué sola y por la noche. Me habían hablado tanto y tanto de Taizé que si sólo la mitad de lo que me habían contado era cierto ese sitio me iba a gustar. Fue más que eso, fue mucho más. Me sentí en casa en todo: por la forma de hacer, la sencillez y la humildad con la que allí se vive, la manera de hacer las oraciones, la mezcla de idiomas, música, razas y gentes.

Taizé fue la respuesta a una búsqueda de muchos años, una búsqueda mía muy personal. Y sólo quien buscó, quien buscó de verdad y tardó en encontrar puede entender mi alegría. No estaba sola, había otros que entendían el “hacer IGLESIA “ como yo, sentarme frente a una Cruz acompañada y en oración tuvo sentido por fín.

Pero yo hablaba al principio de una aventura esta Navidad. Era difícil empezar a hablar un poco de Taizé y de su espíritu sin algunas palabras que puedan poner en situación a quien no conozca nada de Taizé.

Decido que voy a Milán al encuentro de Navidad sóla y no hay mucho arreglo en eso. Hay quien me dice que por qué, otra gente me anima a que busque con quién ir…. y yo insisto en que quiero ir sola. Al ser en Navidad me cuesta decidirme, son días esos de Navidad en todas las familias especiales. Yo tengo la suerte de disfrutar de unos días donde mi familia se desplaza y comparte casa, comida y sobremesa y esos días de vacaciones donde estamos todos no vuelven hasta el año siguiente…. difícil renunciar a eso. Y también decido que ya que voy quiero ayudar a organizar el encuentro, por eso estoy un poco más de tiempo, llegué el día 26 de diciembre y me quedé en Milán hasta el día 2 de enero. Escribo a la organización y les explico que quiero ayudar, que me gustaría compartir con la gente del Este (si puede ser y de forma especial) y les indico en lo que yo creo que puedo ser útil.

Y salgo de casa camino de Zaragoza para coger un vuelo de una compañía de bajo coste con la convicción interior de PEREGRINAR, de ir en busca de las fuentes del EVANGELIO y de ver como eso se aplica luego a mi vida. Esa, justo esa, es la propuesta original del hermano Roger. Viajo y no sé bien dónde me va a tocar dormir, con quién me tocará compartir y tantas incertidumbres que vienen a la cabeza la víspera de salir “sola” (justo ese día esa palabra tiene una especial importancia) de la comodidad de la casa de uno y decido DEJAR DE PREOCUPARME Y CONFIAR… confiar claro en Dios que es Padre y que no sé bien por qué me llama a ese encuentro.

Y ahí, justo ahí, empiezo a disfrutar de mi viaje, empiezo a disfrutar de mi aventura, de mi peregrinar.

Llegué a Milán por la noche bastante tarde a un aeropuerto lejos del centro. No me gusta llegar tan tarde a una ciudad que no conozco pero no quedó otra y como confié me fueron saliendo al camino personas que me iban ayudando. Cada vez que tenía dudas preguntaba en una mezcla de italiano improvisado del español directamente.

Llovía. Era noche cerrada, por la calle poca gente y ya una cierta incertidumbre tenía yo sobre si me había confundido de parada de metro… pregunté y una señora peruana me acompañó a la puerta de una Iglesia donde había una estrella de Navidad como la que siguieron los Magos y que decía debajo TAIZÉ. Había llegado, estaba en casa.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.