Ángel Mercado inicia una serie de colaboraciones con el tema del MEDIO AMBIENTE como centro. En esta primera expone su plan de trabajo a partir del concepto desarrollo sostenible.
¿Es imprudente hablar del Medio Ambiente? La primera respuesta que me viene es: ¡por supuesto que sí! ¡¿qué osadía?!, ¡¿qué atrevimiento?!. Lo cierto es que, después de un cierto recorrido trabajando en temas alrededor del “medio ambiente”, llego a la conclusión de que cualquiera parece saber y se permite opinar en torno a este tema. Por lo demás, se trata de una postura totalmente lógica, puesto que todos vivimos en un entorno y que, por tanto, tenemos derecho a formarnos una opinión sobre el mismo y, lo que es más importante, sobre el uso que hacemos de él.
¿Por qué “Medio Ambiente” y no “Ambiente entero”? Quizá por lo mismo que se dice que la libertad de alguien termina donde empieza la de las demás personas.
Para que podamos, entonces, hablar de este tema, creo que el punto de la cuestión será el de fijar ciertos criterios y definir conceptos. Así podremos sentar las bases de un buen diálogo. Empezaremos por el denominado desarrollo sostenible, que parece el pilar en el que se basan las actuaciones de quienes queremos preservar nuestro entorno.
Quiero citar a Sir Badem Powell, fundador de los scouts, que ya en su último mensaje dejo dicho que intentáramos dejar el mundo un poco mejor de cómo lo encontramos. Pero habría que esperar unos años, hasta 1987, para hablar del informe Brundtland (Nuestro futuro común), donde se nos habla de una nueva ética: el desarrollo sostenible, definido como aquel desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras, para satisfacer sus propias necesidades. Este informe nace como respuesta a los grandes problemas de la humanidad en los años 70 y 80: pérdida de biodiversidad, guerras, hambres, destrucción de hábitats, colapso planetario, desigualdad social, crisis de valores, pérdidas de recursos naturales, contaminación,…. Y sólo cinco años después se celebró la cumbre de las naciones, más conocida como la cumbre de Río de 1992, el año de la Expo de Sevilla y de las Olimpiadas de Barcelona (menudo año aquél, que además acabé la carrera,…..). Este acontecimiento supuso un punto de inflexión a partir del cual hubo que desarrollar toda una estrategia de acciones encaminadas a resolver esos problemas, y todas ellas enmarcadas con el sello inconfundible de “desarrollo sostenible”.
Pues bien, a mi me parece que la mayoría de las actuaciones que realizamos englobadas en esa estrategia, en esas acciones, tienen una marcada presencia del Señor. Se trata de tener fe en que las pequeñas cosas que se hacen en el día a día pueden mejorar nuestro entorno y, de una forma u otra, ayudar a resolver los grandes problemas. En realidad, se trata de no otra cosa que resolver problemas de inmigración, desigualdades, falta de agua potable, utilización de sustancias transgénicas, cambio climático, hambre, explotación infantil,...
Creo que a partir de aquí podríamos marcar un camino en el que no sea entonces tan imprudente hablar de Medio Ambiente. Si pensamos que nos encontraremos con el Señor en todas las ocasiones y que nuestra meta es poner nuestro granito de arena para mejorar el entorno, quizás entonces podremos hablar de contaminación atmosférica, del efecto invernadero y el CO2 y Kyoto, de la capa de ozono, de las lluvias ácidas; o del cambio climático, el niño y la niña, los desastres “naturales”; o del uso de los recursos, hablar del agua, su escasez o su contaminación, de la energía; o de la biodiversidad, de los problemas de los mares, de los bosques, de las ciudades; o de la ética y la bioética, del uso de las sustancias transgénicas y sus consecuencias; o de la educación ambiental formal y no formal, de la concienciación, de la formación, de la concientización (cuando somos conscientes de que estamos concienciados).