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Revista digital de reflexión y diálogo. Del 6 al 12 de Febrero
Una estancia ignaciana en Roma.
Por José Antonio Morillas sj.
Foto de José Antonio Morillas

José Antonio Morillas reflexiona sobre su estancia en Roma con motivo de un curso sobre espiritualidad ignaciana.

Hacer un alto en el camino, para fortalecer y reciclar el espíritu vale la pena. Aunque suponga dejar entre paréntesis las tareas diversas y la actividad eficaz y productiva. Ahora se compensa con la pasividad receptora. Ser alumno, recibir clases, escuchar, esforzarse por comprender otras lenguas, otras culturas, otros puntos de vista, no solo jesuíticos, es, sin duda, riqueza. También se trata de compartir la FE, caminar a prisa para no llegar tarde al "cole", cambiar los horarios, las costumbres; en definitiva, se trata de vivir con otra distribución del tiempo, lejos de los horarios del Loyola o de las tareas pastorales.

Vivo en medio de un grupo muy variado. Somos gentes de cerca de cuarenta países diferentes, entre los que se encuentran jesuitas, pero también laicos y laicas, religiosas de otras congregaciones, ¡y hasta un pastor luterano de Finlandia! Como telón de fondo, se nos presenta el modo en que Dios acompaña tres figuras: Javier, Fabro e Ignacio. De ese modo, también nosotros iremos adquiriendo algunos recursos para la conversación del espíritu y el acompañamiento a otras y otros.
La conferencia de apertura corrió a cargo del P. General. Versó sobre la “discreta caritas” ignaciana. Resaltó el servicio como rasgo principal del amor. El deseo de Dios/Amor, la presencia del Espíritu del bien, fortalecen e iluminan. La debilidad y la oscuridad provienen de ese espíritu del mal al que tanta cancha dejamos, a veces. Esa fue la preocupación de Pedro Fabro: sacudir al que le escuchaba para que afloren los buenos espíritus. Sin el amor el Espíritu se convierte en indiscreto. Poco inteligente. En el acompañamiento nosotros somos los evangelizados y hemos de ayudar a que sucedan los eventos, -como llegan las parteras a nuestras costas-. Se trata de buscar "las pepitas de oro" en el barro y a través del cedazo hacer que aparezcan.

Nos acercamos a la figura de Ignacio en cuatro momentos: EE.EE.; hombre de iglesia; Autobiografía y Constituciones. La clave de lectura que usamos es la formulación del carisma y de la experiencia de los diez primeros compañeros. Las cartas y, finalmente,el Diario.
En la primera tarde de los Talleres se nos preguntaba por qué estábamos allí y si nos habíamos sentido enviados. Yo hube de confesar que había ido por iniciativa propia sin muchas ayudas externas, pero con la ilusión de reciclar el espíritu y hacer un alto en el camino. Sobre todo porque me considero un jesuita con inquietudes y ganas de enriquecerme y formarme. ¿Qué traigo? Expectativas e ilusiones; algo de cansancio. Y como compromiso: asistir con interés, participar, leer y reflexionar y transmitir -como lo hago “ahorita” mismo- lo aquí recibido por si le interesa a "Walguine", de dentro o de extramuros a la ínclita Compañía. También la extrañeza de los pocos italianos (1) portugueses (2) y jesuitas “spagnolos” (5): dos de Valencia, uno de Cataluña -que dice "los españoles"- y tres de la Betica, amén de dos profesoras de Granada y Sevilla, una de ellas, musicóloga, "vinculada" a la Compañía.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.