Este texto forma parte de la colección ACLARANDO EL DÍA, una columna que cada mañana se pronuncia a través de los micrófonos de Radio ECCA. En este caso, Lucas López aborda el tema litúrgico del momento: empieza el adviento…
Este domingo, para la comunidad cristiana católica, amaneció como ADVIENTO. El adviento es el tiempo de preparación previa a la Navidad y, como cada vez que aguardamos un nacimiento, es tiempo de esperanza.
Estos días, una amiga mía y su marido, me dicen que les llegó la foto de la pequeña que van a adoptar. La niña proviene de China y su nombre, escrito en la, para mi torpe capacidad, impronunciable grafía de aquellas tierras orientales, significa FIRMEZA Y PUREZA.
La pareja está loca de contenta. Es la segunda niña que adoptan y, a pesar de la, sin duda, fuerte responsabilidad que asumen, el anuncio de la nueva visita de la cigüeña significa alegría tras alegría.
El adviento cristiano no es otra cosa. No esperamos que llegue alguien que vaya a salvarnos, porque ya llegó. Ya estuvo y ya se quedó con nosotros y nosotras. Sin embargo, el Reino de Paz y Justicia, la lucha por un mundo más humano y más divino, sigue necesitando de nuestra responsabilidad y nuestro compromiso. Sigue necesitando FIRMEZA Y PUREZA, como se llama el nombre de la niñita que llegará al hogar de este matrimonio amigo.
Claro que a mí, y sospecho que a ustedes, alguna que otra vez nos puede encontrar la vida con la mirada no tan pura y con el ánimo no tan firme. Puede ser que nos dejemos llevar por ese ambiente que, a veces, hace pensar que todo vale. Puede ser también que, un poco golpeados por lo difícil de hacer un mundo mejor, nos toque el desánimo.
Todas esas cosas son posibles, pero ninguna es definitiva. Nuestra convicción es que ya está entre nosotros y nosotras, que palpita en nuestros corazones y en nuestras vidas, un mundo mejor, un mundo más vivo. Por eso, ADVIENTO es esperanza, la misma esperanza que la llegada de un niño, de una niña, produce en la familia.
Con esa esperanza, por más que no siempre seamos gente pura y firme, nos dejamos tocar por la mirada de Dios, por la de la niña que viene, por la mirada de este matrimonio amigo que se llena de alegría. ¿No les parece?