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Revista digital de reflexión y diálogo. Del 21 al 27 de Noviembre
Madrid-Barcelona: ¡Viva Zapatero!
Por Lucas López sj.
Foto de Lucas López

Lucas López presenta un cuento de última hora.

El niño, con los ojos brillantes y las manos estiradas, gritaba.

Un grupo de voces masculinas girtaron a coro.

El bar estaba repleto. Todos los ojos se clavaron en la pantalla. Sobre el manto verde brillante, pululaban ordenadas y, a la vez, sorprendentemente caóticas, las camisetas de los dos equipos. El blanco y el azul grana manchaban el césped luminoso.

El griterio que provenía de la pantalla era claramente superado por el entusiasmo de la hinchada del bar.

"Una miquetta de papas", gritó el niño. Un camarero que recorría incansable las mesas volvió la vista hacia él. Observó la cara exigente y entusiasta de aquel pequeño enfundado en el amarillo fosforito de la segunda vestimenta del Barça. Asintió con la cabeza mientras dejaba un par de cañas en otra mesa.

"¡Visca el Barça!" Entonó de nuevo el niño de amarillo.

"¡Visca! ¡Visca!" Replicó unánime la multitud que se atosigaba en el Bar.

El camerunés Eto'o recogió el pase de Messi. El rioplatense se lo hizo llegar tras sortear habilidoso a un Roberto Carlos que no parecía tener la frescura brasileña que tantas veces exhibiera.

El portero del Madrid recogió la pelota del fondo de su red en medio del alborozo explosivo de todas las mesas del pequeño bar.

“Gol…, gol”, gritaban todos con sus jarras de cerveza en la mano. Las bufandas blaugranas en torno a los cuellos reforzaba la certeza de una adhesión incondicional al equipo que, en el campo, imponía su ley.

“¡Visca Catalunya!” Gritó de nuevo el pequeño de amarillo fosforito. Sus mofletes regordetes brillaban colorados. “¡Visca!” Contestaban atronadoras las voces de los telespectadores.

Tras el segundo gol, obra del ensortijado Ronaldinho Gaucho, el hombre de las sonrisas llegado de Portoalegre, un hombre gordo y feliz gritó: “Ahora, sobrino”.

El niño de amarillo se subió como un resorte a una de las mesas y comenzó a cantar: “Madrid, cabrón, saluda al campeón”. Enseguida, el bar entero entonaba el cántico entusiasta.

El tres a cero cerró el interés deportivo. Por todo el barrio empezaron a sonar los voladores. El bar, situado sobre la calle Pérez Muñoz, en el barrio de La Isleta, en Las Palmas, era un griterío ensordecedor. “Barça, Barcça”, canturreaban medio borrachos los asistentes.

El pequeño de amarillo levantó su voz sobre todos: “Franco ya murió. Visca el Barça, viva Zapatero”.

“¿Cómo quedaron?” Preguntó sorprendido el camarero.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.