Amanecimos, el pasado lunes, con la noticia del nacimiento de una nueva infanta de España. La hija de Don Felipe y Doña Leticia tiene, en la medida en que las personas somos capaces de planificar nuestras vidas, un futuro llamativo: será, tras los arreglos constitucionales pertinentes, Reina de España.
La monarquía parlamentaria ha dado a España el periodo de paz y prosperidad más largo y, yo diría, profundo, en los cinco siglos que pasaron desde Isabel y Fernando. Aunque, desde una racionalidad más teórica, pueda parecer que reyes y príncipes son algo del pasado y que una República, en cualquiera de sus versiones, es más democrática, lo cierto es que nuestra experiencia republicana no es la de quienes consiguieron ponerse de acuerdo en torno a un proyecto social común. Pero eso, si nos descuidamos, nos pasa de vez en cuando; también en los periodos monárquicos.
Hoy, vivimos en nuestra sociedad, al menos en nuestra clase política y en los medios de comunicación, una suerte de algarada casi permanente por parte de quienes legítimamente se oponen al legítimo gobierno. Por su parte, legítimamente el Gobierno aplica su programa sin importarle mucho lo que piense el también legítimamente opositor partido mayoritario. Mucho consenso, como aquel que vivimos en la segunda mitad de los setenta, no se da ahora.
La pequeña Leonor, la hija del Príncipe y la Princesa de Asturias, crecerá en una sociedad que, según algunos columnistas, cada cincuenta años parece necesitar suicidarse. Sin embargo, esa sociedad ha hecho muchas cosas bien hechas: dejó atrás el franquismo, dio a luz a la actual Constitución, la reformó para adecuarse a la Unión Europea, elaboró los actuales estatutos de Autonomía, desarrolló una bonanza económica como jamás habíamos conocido, generó la libertad de prensa, de reunión y de asociación, y muchas otras cosas que, nos hicieron, sin demasiadas glorias ni heroísmos, una sociedad más, una sociedad normal dentro de las que viven según los principios democráticos.
Es cierto que nuestro políticos profesionales, de tanto en tanto, se muestran más eficaces creando problemas que resolviéndolos. Algo de morbo sí que tenemos. Sin embargo, lo construido estos años, lo que podemos mejorar, es mucho y valioso. Por más que nuestra vena suicida tenga su aliento. En fin, en esa sociedad, con luces y sombras, Leonor nació, junto a todos esos otros niños y niñas que, para nuestras familias, son los auténticos príncipes y princesas.
Cuarta y última entrega. Esta vez, nos adentramos en los grupos que están en Brasil. Fernando López nos presenta su análisis y sus propuestas.
Nesta itinerância percebemos muitos sinais de vida, uma Igreja que caminha embora com dificuldades, alguns desafios e lacunas.
Alguns sinais de vida: Muitos povos indígenas, terras demarcadas, lideranças atuantes, bom número de religiosos, padres, voluntários da França e Espanha, presença de comunidades quilombolas, entre outras, agricultura familiar, catequese familiar e escola família agrícola.
Ibán Sánchez Montesdeoca es el encargado de pastoral del colegio teresiano de Las Palmas de Gran Canaria. El pasado verano estuvo en La Laguna, en el retiro de las Bienaventuranzas que dio Adolfo Chércoles.
Bienaventuranzas: Una receta de vida.
Por Ibán Sánchez Montesdeoca.
Raras veces tan pocas palabras consiguen expresar tanto significado. Acabé el retiro de las Bienaventuranzas este verano en Tenerife con esa convicción. Y lo empecé ocho días antes con todas las reservas que, a priori, surgen ante este tipo de experiencias: “te puedes venir abajo”, “tal vez no te guste lo que descubras de ti”,…. Pero lo mejor de todo fue que todas esas reservas se confirmaron a medida que transcurrieron los días.