Ni tenemos la fotografía ni el nombre de la autora. Parece una metáfora. Habla del lugar de la mujer en la Iglesia. Se trata de la quinta entrega de una conferencia tenida en el Centro Loyola de Las Palmas.
Llegados a este punto recordemos que:
El Consejo Ecuménico de las Iglesias propuso los siguientes objetivos para el decenio ¡1988-1998! :
- La plena participación de las mujeres en la vida de la Iglesia y de la comunidad.
- El compromiso de las mujeres por la justicia, la paz y la salvaguardia de la creación.
- La participación de las mujeres en la teología y en la comunicación espiritual
A la altura de 2005, ¿Dónde estamos en la Iglesia Católica?
LA MUJER EN LA IGLESIA PRIMITIVA.
La Iglesia que puso en marcha Jesús era un pueblo de hombres y mujeres reunidos en nombre del Señor.
Si leemos atentamente los hechos de los Apóstoles, se deduce que en Pentecostés el Espíritu Santo se derramó sobre todos los que estaban reunidos en el cenáculo: los apóstoles, María y algunas mujeres.
La Iglesia primitiva parte de la afirmación radical de que para Dios no existe la diferencia de sexos y el Espíritu se derrama por igual, no hace distinción entre esclavo o libre, judío o griego, hombre o mujer, porque todos somos UNO en Cristo.
Por otra parte, en la Iglesia Primitiva existieron diversos ministerios.
En las epístolas se recogen las virtudes que deben tener las diaconisas. Pablo dejó escrito que las mujeres trabajaban con él en igualdad de condiciones. Mencionó específicamente a Evodia y Síntique (que lucharon por el evangelio) a Lidia, Ninfas. Prisca (cooperadora de Pablo) que con Aquila fundaron una iglesia en su casa, Febe (diaconisa, hermana y protectora de la iglesia de Céncreas) Junia ( a la que Pablo llama ilustre entre los apóstoles)…
Según estudios teológicos recientes las mujeres ejercieron funciones ministeriales y directivas en el cristianismo primitivo y podían presidir la celebración eucarística de las comunidades, fueron misioneras, líderes y apóstoles, catequistas que predicaban y enseñaban el evangelio, que fundaron iglesias …
Existen prescripciones conciliares todavía en los siglos III y IV sobre el estatuto de la mujer diaconisa.
En todo caso en la iglesia primitiva nos encontramos con mujeres profetisas, y mártires heroicas. Muchas veces son ellas las que se convierten al cristianismo y arrastran consigo a toda su familia. Probablemente entonces, como ahora encontramos más cristianas que cristianos practicantes.
PERO POCO A POCO, EL PAPEL DE LA MUJER SE VA LIMITANDO HASTA QUEDAR REDUCIDO A UN MINISTERIO ÚNICAMENTE MASCULINO.
Podemos afirmar pues que desde los orígenes de la Iglesia hubo una semilla de igualdad, sembrada por Jesús. Nadie podrá nunca utilizar en la Iglesia o fuera de ella a Jesús para justificar la exclusión o el control de las mujeres.
Esa buena semilla se fue ahogando poco a poco con la sociedad patriarcal y androcéntrica que existía y que nos lleva a soportar sentencias tan conocidas en la patrística como la de Haimo d’Auxerre (s. VIII) “en la iglesia se entiende por mujer a quien obra de manera mujeril y boba”… O la de Graciano (s. XII) “La mujer no puede recibir órdenes sagradas, porque por su naturaleza se encuentra en condiciones de servidumbre” o, el propio Santo Tomás cuando afirma en el S. XIII: “… el sexo femenino no puede significar ninguna eminencia de grado, porque la mujer tiene un estado de sujeción, por eso no pude recibir el sacramento del Orden”.
Con suficiente razón en nuestros días la teóloga Margarita Pintos afirma que“ …La Iglesia… asumió la teología escolástica medieval que adoptó la antropología aristotélica en la que se define a las mujeres como ‘hombres defectuosos’.
¿Y qué pasó con MARIA la madre de Jesús?. El evangelio la presenta como la mujer valiente que acepta romper todos los tabúes de su época empezando por aceptar una maternidad sin varón, profetizando en el Magnificat que anuncia a un Dios que derriba del trono a los poderosos y a los ricos los despide vacíos… mujer sencilla, orante, comprometida, “que escucha la palabra de Dios y la sigue”, valiente y seguidora de Jesús hasta su muerte. Pues bien a lo largo del siglo II y sobre todo el III se desarrolla una Marianología que presenta a María como un ser puro y angelical, una mujer divina a la que colmar de títulos y joyas. Se neutraliza su sexualidad de mujer y se separa su condición de virgen de su condición de mujer real.
En el fondo, casi podríamos afirmar que se utiliza a la virgen para menospreciar a la mujer, porque la mujer real, normal, que vive su feminidad y su sexualidad no encontraba ya modelo para sentirse reflejada en María.