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Revista digital de reflexión y diálogo. Semana del 19 al 25 de Septiembre
La mujer en la Iglesia (IV).

Ni tenemos la fotografía ni el nombre de la autora. Parece una metáfora. Habla del lugar de la mujer en la Iglesia. Se trata de la cuarta entrega de una conferencia tenida en el Centro Loyola de Las Palmas.

REIVINDICANDO EL LUGAR DE LA MUJER

JESUS APUESTA POR LA MUJER

La interpretación de la Biblia y de la tradición cristiana se ha hecho desde una perspectiva exclusivamente masculina. Se ha silenciado la presencia de mujeres en el texto (por ejemplo en Pentecostés) se han desfigurado a veces a algunos personajes femeninos como María y María Magdalena. Sin embargo, lo que Jesús quería era una comunidad de discípulos iguales. NO SE PUEDE UTILIZAR A JESUS PARA DISCRIMINAR A LA MUJER.

1º.La tradición Judía: “Bendito sea Dios que no me ha hecho pagano, no me ha hecho esclavo, no me ha hecho mujer” oraba el judío tradicional.

¡”Ay de aquél cuya descendencia son hembras”! dice el Talmud. Tristeza y fastidio causaba el nacimiento de una niña, y una vez crecida no tenía acceso al aprendizaje de la Ley. Dice la Mishná: “que las palabras de la Torá sea destruidas por el fuego antes que enseñárselas a las mujeres… Quien enseña a su hija la Torá es como si la enseñase calamidades”

La mujer era un ser sin autoridad, marginado en toda decisión hasta de su propia vida. Soportaba cargas y sufrimientos desde niña: se la casaba sin su consentimiento, sufría partos y maternidades seguidas y si era estéril, lo que era realmente vergonzante, podía ser repudiada por el marido. Si enviudaba, quedaba desprotegida. Pero además la mujer era un ser impuro: el judío religioso debía evitar todo trato con la mujer, no debía ni siquiera mirarla.

La persistencia en la memoria colectiva del mito del pecado de Eva la llevaba a encarnar la figura del mal en el mundo…

Necesariamente, El Evangelio de Jesús es una buena nueva para ellas: las pobres, las que tienen hambre, las que lloran, cuando los hombres les odien, les expulsen, las injurien... ¡ alégrense y llénense de gozo, que el Reino que Jesús trae es de ustedes, va a cambiar esta ley y estas tradiciones judías injustas.!

También en el asunto de la mujer Jesús vuelve a poner las cosas en su sitio: denuncia las injusticias, no justifica la sumisión, exige el respeto a la dignidad de toda persona. El evangelio está lleno de signos de amor y liberación hacia la mujer, de milagros llenos de amor, pero también de simbolismo: la resurrección del hijo de la viuda de Naín, la curación de la mujer con hemorragias de sangre (considerada impura, intocable) La hija de Jairo. Jesús rompe las tradiciones rabínicas y habla con ellas: es acompañado por mujeres, y se preocupa y habla con ellas incluidas las pecadoras, las prostitutas.

VEAMOS ALGUNAS PINCELADAS

La SAMARITANA. Primero le pide de beber (hay una llamada a colaborar) luego le ofrece el agua viva.

El evangelio de Juan nos da cuenta de la sorpresa de los discípulos. No tanto porque el Maestro hablara con ella, sino porque ella participara en la conversación, dialogaban. Esta conducta era impensable en la sociedad judía en la que una mujer carecía de crédito y estaba equiparada a los miembros más marginados de la sociedad.

También aquí se ha hecho una lectura masculina de los hechos. Se destaca el comportamiento subversivo de Jesús, pero hay que señalar también la trasgresión que supuso la reciprocidad dialogal de la Samaritana. Esa supuesta trasgresión que todavía hoy no existe en la iglesia Católica, en la que la mujer sigue condenada al silencio en muchos aspectos.

LA MUJER ENCORVADA. Es un milagro lleno de simbolismo a favor de la mujer. La curación fue un sábado en la sinagoga. La mujer llevaba en su espalda el peso de la humillación, de todas las tradiciones que sometían a la mujer y le impedían crecer, de todas las humillaciones y sometimientos que viven todavía hoy tantas mujeres en el mundo.

Jesús la llama hija de Abraham y le impone las manos. La espalda doblada es el símbolo de la imposibilidad de la mujer para mirar a los otros de frente, de dirigirse a ellos como a un igual. Obedecer a la palabra, enderezarse es el símbolo de la dignidad humana frente a la de estar encorvado. Millones de mujeres siguen hoy encorvadas en los países pobres en la ignorancia y la miseria, en la prostitución de niñas y mujeres, etc.

El gesto de Jesús desafiando a los líderes judíos en sábado es una llamada fuerte a las mujeres para que tomen la palabra, para que se liberen de la “condición específicamente femenina, que las confina al ámbito de lo privado, del destino y de la culpa. ¿Hasta cuando nuestra voz en la iglesia estará silenciada? ¿Hasta cuando nos producirá culpa pensar de acuerdo con nuestra propia conciencia de mujeres libres?

MARTA Y MARIA : significa la ruptura con la norma.

María se apunta al papel privilegiado de los hombres y lejos de someterse a las labores del hogar, como le recrimina Marta, ella decide transgredir la ley y escuchar, aprender y hablar con Jesús, en pie de igualdad con los hombres.

Hay una llamada a ir más allá de los roles impuestos por la sociedad de cada época para volar libres.

No pretendo que no haya que ser comprensivas con la lentitud de los cambios en la Iglesia. Muchos hombres tienen dificultad para aceptar los cambios de roles, y en la Iglesia pasa igual. Habrá que ser prudentes y pacientes, ¡pero tenaces y perseverantes!, frente a todo aquello que falsea las relaciones y deforma las mentalidades.

No son las costumbres ni las tradiciones, sino la verdad la que nos hace libres.

LA MORAL SEXUAL. Jesús pone como ejemplo de verdadero amor, a la mujer pecadora que derrama su perfume caro y lava sus pies con lágrimas. Una prostituta era, y es aún hoy, considerada impura. Pero El se deja tocar y se lo agradece de corazón

Por otra parte la condena del repudio que aparece en otro momento, no es como se ha querido decir una condena del divorcio: es la defensa de la mujer en aquella sociedad machista que permitía a los varones dejar a la mujer totalmente desvalida. Se trata de remediar una injusticia, no de una norma moral conyugal, como se ha querido decir.

LAS MUJERES DE LA CRUZ. Con la excepción de Juan son las únicas que acompañan a Jesús en el momento de la muerte. Le han seguido por todas partes, le han seguido en Galilea y ahora le siguen en el momento de la afrenta. Mas valientes que los hombres,,,

Ahí nos da Jesús uno de los argumentos más interesantes a favor del ministerio femenino frente a la postura cerrada de la Iglesia. Acaso no son la muerte y la resurrección los momentos clave del sacerdocio supremo de Jesús?.

Dice González Faus:

“Queda solo uno de los apóstoles y un grupo de mujeres fieles hasta el final y más valientes que aquellos. Y en la medida en que el sacerdocio de Jesús está constituido por la entrega de su vida, como dice la carta a los Hebreos, cabría afirmar que acaso solo las mujeres participaron de su sacerdocio”

LA RESURRECCION. Aquí si que nos encontramos la suprema transgresión de la ley a favor de la mujer.

Las mujeres judías, que no podían ser testigos según la ley judía, son los primeros testigos de la Resurrección y reciben el encargo de dar testimonio a los once. Por eso afirma Lucas (Lc 24,1-12) “que todas sus palabras les parecían desatinos y no las creían”. Marcos también afirma que el primer testigo fue una mujer: María Magdalena.

Una vez más Gonzalez Faus añade:

“Si Magdalena fue testigo de la resurrección y si además había acompañado a Jesús durante toda su vida, reúne las condiciones para ser llamada apóstol en sentido pleno y todas las objeciones al ministerio de la mujer quedan devaluadas”(Gonzalez Faus: De Jesús a los hombres, pasando por Dios, 2003)

En realidad con la misión de Jesús a Magdalena, “ve a mis hermanos…” entramos en el terreno de las responsabilidades públicas de la mujer que exceden al ámbito de lo privado. Las cuestiones que conciernen hoy a las mujeres sobrepasan los muros del hogar, afectan al mundo entero, tienen que ver con las estructuras y las personas, incluida la Iglesia.

Pero hay otros detalles que procede destacar y que con frecuencia son poco valorados:

Por una parte, es una mujer y no un varón quien primero proclamó la divinidad de Jesús. Un honor que le cupo a Isabel, según Lc 1,42-55.

Además hemos oído cientos de veces la importancia que la iglesia católica da a la profesión de Pedro en Mt 16,15-20, pero callaque esa misma profesión de fe se la solicitó también a una mujer a Marta de Betania: “Díjole Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; y el que cree en mi, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees tú esto? Y ella respondió: Si, Señor; yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios que ha venido a este mundo” (Jn 11,25-27)

Marta, por tanto, fue puesta por Jesús ante el mismo privilegio que Pedro.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.