Ni tenemos la fotografía ni el nombre de la autora. Parece una metáfora. Habla del lugar de la mujer en la Iglesia. Se trata de la tercera entrega de una conferencia tenida en el Centro Loyola de Las Palmas.
Hace ya más de cuarenta años que el Papa Juan XXIII mencionaba como uno de los signos de los tiempos característicos de una humanidad en progreso la presencia de la mujer en la vida pública.
1. “La mujer ha adquirido una conciencia cada día más clara de su propia dignidad humana. Por ello no tolera que se le trate como una cosa inanimada o mero instrumento; exige, por el contrario que, tanto en el ámbito de la vida doméstica como en el de la vida pública, se le reconozcan los derechos y obligaciones propios de la persona humana”. (Juan XXIII Pacem in terris, 41)
2. Tal es el fundamento de la dignidad del hombre y de la mujer(…) Ni el hombre él solo, ni la mujer ella sola, es toda la humanidad. Uno y otra fueron llamados a existir para el otro” (La violencia contra las mujeres. Comisión social de los Obispos de Francia 1-07-03)
3. “Y qué decir de los obstáculos que en tantas partes del mundo, todavía impiden a las mujeres la plena inserción en la vida social, política, y económica.(…) Deseo hacer un llamamiento a favor de las mujeres a las que todavía hoy se les niegan los derechos fundamentales en los regímenes políticos de sus países, mujeres segregadas, a las cuales está prohibido estudiar, ejercitar una profesión, e incluso manifestar en público su pensamiento. (…) para hacer más espacio a la mujer en los diversos ámbitos de la vida social”. (Juan Pablo II Rezo del Angelus. 8 marzo 98)
a) La legítima igualdad de la mujer y el hombre…. “después de crear al ser humano varón y mujer, Dios dice a ambos: llenad la tierra y sometedla (Gn 1,28) No les de sólo el poder de procrear (…) sino que les entrega también la tierra como tarea, comprometiéndose a administrar sus recursos con responsabilidad (…) En este encargo (…) tanto el hombre como la mujer tienen desde el principio la misma responsabilidad (…) Desde el primer momento de la creación la colaboración del varón y la mujer es necesaria tanto para conformar la familia como para desarrollar la sociedad”. (Juan Pablo II. Carta a las mujeres. 29-6-95,8)
b) El acceso al trabajo y a la profesión debe estar abierto a todos sin discriminación injusta a hombres y mujeres (CEC 2433) pero sin caer en un igualitarismo que olvide lo propio de la feminidad (discurso a la Asociación de Mujeres Jefes de Empresa,1-6-79) especialmente expresado en la maternidad de manera que por la necesidad de un trabajo adicional fuera del hogar(…) con frecuencia la mujer ha pagado a un precio elevado el progreso moderno. (Discurso 19-3-91)
4. Al mismo tiempo que leemos esto también traemos lo que espera de la mujer el Cardenal Norberto Rivera:
… “Sin el trabajo que ella realiza en el Hogar ningún empleado, ningún obrero, sería rentable en su labor. Pues ¿Quién tiene ganas de trabajar cuando su casa es un simple hospedaje? ¿Quien se siente estimulado para tener una mejor empresa o trabajar mejor en ella cuando no hay quien atienda con amor sus necesidades básicas en el hogar?
…Cuanto más estimemos el papel de la mujer en su dimensión conyugal y materna…. Más estaremos respetando lo que es la mujer en verdad, porque la estaremos viendo más desde la óptica de quien hizo a la mujer, desde la óptica de Dios…. La verdadera promoción de la mujer exige que le sea claramente reconocido el valor de su función materna y familiar respecto de las demás funciones y profesiones que pueden llevarse a cabo. Pues las tareas que se realizan fuera del hogar son realidades en que el ser humano hace cosas, mientras que la esponsabilidad y la maternidad (…) Son asuntos en los que la persona humana es.(…) El que la mujer tenga la misma dignidad que el hombre y una tarea insustituible en el hogar y la educación de los hijos es una sabiduría que no va a ser siempre aceptada por la sociedad en la que el cristiano vive”. (Cardenal Norberto Rivera, 2005)
“… Se entiende el papel insustituible de la mujer en los diversos aspectos de la vida familiar y social que implican las relaciones humanas y el cuidado del otro. Aquí se manifiesta lo que el Santo Padre ha llamado “el genio e la mujer”.( Juan Pablo II‘Carta a las familias’, 2-2-95) Ello implica, ante todo, que las mujeres estén activamente presentes en la familia, sociedad primordial y, en cierto sentido soberana (Juan Pablo II Carta a las Familias 2-2-94) pues es particularmente en ella donde se plasma el rostro de un pueblo y sus miembros adquieren las enseñanzas fundamentales (…) Como ha escrito Juan Pablo II será un honor para la sociedad hacer posible a la madre, sin obstaculizar su libertad psicológica o práctica, sin dejarle en inferioridad ante sus compañeras, dedicarse al cuidado y a la educación de los hijos, según las necesidades diferenciadas de la edad” (Laborem Exercens,19 AAS 73, 1981)
Donde la jerarquía presenta una gran reticencia es a la hora de aceptar la “ideología de género” En este sentido el documento de la Comisión Episcopal de Apostolado Laical de Perú es significativo:
… Piensan mas bien (las defensoras de la filosofía de género) que las diferencias de manera de pensar, obrar y valorarse a sí mismos son el producto de la cultura de un país y de una época determinados que les asigna a cada grupo de personas una serie de características que se explican por las conveniencias de las estructuras sociales de dicha sociedad (…) Así toda la moral queda librada a la decisión del individuo y desaparece la diferencia entre lo permitido y lo prohibido. (…)
En este sentido se oponen claramente a los documentos de la Conferencia de Pekín de 1995 porque afirma que “género se refiere a los roles y responsabilidades de la mujer y del hombre que son determinados socialmente”.
El GÉNERO se relaciona a la forma en que se nos percibe y se espera que pensemos y actuemos como mujeres y hombres, por la forma en que la sociedad está organizada, no por nuestras diferencias biológicas.
Pero cuando su condena se hace más intensa es al afirmar que:
“Las feministas de género consideran que cuando la mujer cuida a sus hijos en el hogar y el esposo trabaja fuera de casa, las responsabilidades son diferentes y por lo tanto no igualitarias. Entonces ven esa desigualdad en el hogar como causa de desigualdad en la vida pública”
Se lamenta el episcopado peruano de que Gertrude Mongella, Secretaria General de la Conferencia de la Mujer en la citada cumbre mundial no hubiera respetado la opinión expresada en una reunión previa con el Papa Juan Pablo II en la que este le dijo:
“No hay respuesta a los temas de la mujer, que pueda pasar por alto la función de la mujer en la familia … Para respetar este orden natural, es necesario hacer frente a la concepción errada de que la función de la maternidad es opresiva para la mujer” (Council of Europe “Equality and Democracy: Utopía of Challenge”. 1995))
En el mismo sentido se expresa el Cardenal Ratzinger en la Carta de la Congregación para la Doctrina de la fe “El hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo” cuando afirma:
La promoción de las mujeres dentro de la sociedad tiene que ser comprendida como una humanización (…)
Toda perspectiva que pretenda proponerse como lucha de sexos, solo puede ser una ilusión y un peligro, destinados a acabar en situaciones de segregación y competición( …) se nutre de la falsa libertad. (…)
La relación hombre –mujer no puede pretender encontrar su justa condición en una especie de contraposición desconfiada y a la defensiva. Es necesario que tal relación sea vivida en la paz y la felicidad del amor compartido” (Cardenal Ratzinger 31 – 7- 2004)