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Revista digital de reflexión y diálogo. Semana del 11 al 17 de Julio
La mujer en la Iglesia (I).

Ni tenemos la fotografía ni el nombre de la autora. Parece una metáfora. Habla del lugar de la mujer en la Iglesia. Se trata de la primera entrega de una conferencia tenida en el Centro Loyola de Las Palmas.

“Uno de los principales problemas de eso que llamamos la marginación de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, está en que viene de tan lejos y está tan incrustada en las costumbres, en las estructuras, en las relaciones y en el lenguaje, que ha terminado por VOLVERSE INVISIBLE”. (Dolores Alexandre: Mujeres en la hora undécima).

Relegada durante siglos al ámbito de lo privado, receptora de una función de “cuidadora” silenciosa a la que se le presupone una fortaleza incansable al tiempo que se le llamó “sexo débil”; callada en las iglesias por mandato paulino; ignorante muchas veces en el terreno religioso al haber tenido vedado el acceso a los estudios teológicos, pastorales …etc.; oprimida por el “tu no sabes” de los hombres que le rodean, …la mujer ha sido casi siempre “invisible” en el espacio de lo público, o cuando más, secretaria eficiente, cuidadora de las cosas de la iglesia como una especie de sacristana-limpiadora, cerebro gris detrás de hombres triunfadores, descanso del guerrero… o incluso cumplidora bajo pena de pecado de sus “deber conyugal” para saciar los deseos siempre bien vistos del hombre-dueño-marido, aunque, incluido en ese deber fuera otro más duro: el de tener un vientre disponible para acoger a los hijos –cuantos fueran- que el cumplimiento de su deber de esposa pudiera traerle.

Sometida a la opresión social de una sociedad constituida con esquemas “patriarcales-protectores” la mujer, a la que durante siglos –y todavía hoy en mayor o en menor medida, con especial mención a lugares y culturas- se le sigue considerando “propiedad de”, “dependiente de”, “obligada a” … como si el hecho de ser mujer trajera incorporado un manual de deberes bajo el brazo en el que la primera línea fuera ¡SILENCIO!

Por otra parte, miembro de una iglesia de estructura jerárquica, donde predomina el modelo escalafón, como luego veremos, que no acaba de creer ni practicar e incluso, a veces, es contraria al esquema de carismas que señala Pablo. Invisible, y considerada poco o nada capacitada, en la iglesia se ha llegado a situaciones como la que denuncia Camilo Maccise, ex-general de los Carmelitas Descalzos en un documento reciente, que titula “La violencia en la iglesia” y en el que puede leerse algo que se comenta por sí solo:

“Resulta incomprensible, que las mujeres contemplativas no hayan sido consultadas en la preparación del documento ‘Verbi sponsa’, sobre la clausura. Fueron varones los que legislaron para un tipo de vida que no conocen sino en teoría.
Esa legislación exige de las monjas contemplativas lo que no exige de los monjes contemplativos en cuestión de permisos para excepciones a las normas establecidas.
Es un ejemplo de violencia discriminatoria hacia la mujer consagrada contemplativa. Se la considera como menor de edad, como en siglos pasados, incapaz de mantenerse fiel a su identidad claustral sin una vigilancia de parte de los varones” (Cit. por F.J. Vitoria Cormenzana. Carta a una cristiana herida. A propósito del Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España)

Lo que realmente nos causa dolores, no solo ver a una iglesia reducida a su parte masculina, sino verla privada de la mitad de sí misma, (como aquél “vizconde demediado” de la novela de Italo Calvino) lo que la empobrece en sus grandes decisiones.

Resulta, no obstante, consolador, leer a hombres profundamente comprometidos en la creación de un pensamiento nuevo en la iglesia, como F. Javier Vitoria Cormenzana cuando dicen:

“Me desasosiega constatar nuestra responsabilidad en la invisibilidad y la violencia que sufrís las mujeres. Me aflige pensar que somos responsables de un sistema jurídico-religioso y político que os violenta y cuya acción llega hasta “el jardín interior de la casa”, es decir hasta la vida doméstica. Me espanta pensar que creyéndonos guías del pueblo hayamos podido traer la iniquidad sobre él…. Me encantaría que pudierais encontrarnos y contarnos como aliados que hemos caído en la cuenta de que este sistema es malo para todos” (F.J. Vitoria Cormenzana. Op.cit.)

Me duele como mujer, que en la “invisibilidad”del problema, nos siga resultando normal en la iglesia, ese modelo de “hombre-dotado-de-clarividencia-infusa” versus “mujer-eternamente-necesitada-de-consejo-dirección-y-pastoreo”

“Me saben a enrarecidas esas relaciones de dependencia filialoide que seguimos teniendo tantas veces las mujeres en la Iglesia (y las monjassomos a veces las peores…) con respecto a los reverendos padres (….) O ese modelo de paternidad condescendiente, como a seres inferiores.(…)
Creo que estamos muy lejos de una Iglesia en la que predomine el modelo de relación fraterna de hermanos y hermanas que se ayudan mutuamente a caminar y a crecer juntos en la fe” ( D. Aleixandre)

Y me duele como mujer, ver una iglesia que se vacía de la práctica religiosa, que convive con el sufrimiento de los que viven en los márgenes de la iglesia, divorciadas, separadas, con opciones sexuales minoritarias, o mujeres que no entienden que la iglesia les imponga una moral sexual con la que no pueden convivir; creyentes, pero a las puertas de la iglesia, o de las que no pueden soportar la hipocresía de los que van a misa y explotan al débil.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.