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Revista digital de reflexión y diálogo. Semana del 4 al 10 de Julio
La Iglesia y el trabajo por la justicia (III).
Por Esteban Velázquez sj.
Foto Estaban Velázquez sj

Llegamos a un tercer capítulo. El Centro Loyola de Las Palmas ha organizado una serie de conferencias bajo el título: presente y futuro de la Iglesia. Esteban Velázquez sj habló sobre el trabajo por la justicia en la Iglesia. En esta tercera entrega, se abordan las perspectivas y los caminos para el trabajo por la Justicia en la Iglesia de nuestro tiempo.

6. PERSPECTIVAS Y CAMINOS PARA EL TRABAJO POR LA JUSTICIA DE LA IGLESIA EN NUESTRO TIEMPO.

a) La causa de la justicia frente a la visión conservadora de la realidad. La tarea educativa y sensibilizadora de la Iglesia.

La crisis de la causa de la justicia no se ha producido fundamentalmente por la caída del muro de Berlín y la crisis de la izquierda en Occidente sino sobre todo por el triunfo cultural de la visión conservadora de la realidad. El contexto de vulnerabilidad y precariedad social acrecienta y fortalece esa visión, especialmente entre los jóvenes, que ante la inseguridad de futuro ambiental no optan con facilidad por aventuras contra–sistema. Y esta visión colorea todo el ámbito de la educación, especialmente en una sociedad, como la española poco propensa a compromisos estables por las causas nobles de la humanidad, como la solidaridad internacional.

Ante este panorama, una de nuestras primeras tareas es tratar de buscar junto con otros no cristianos valores educativos que disipen lo que alguien llamo “la tristeza de ser hombre” y forjen ciudadanos que resistan al ambiente del reino del individualismo posesivo o del “egoísmo ilustrado”a favor de una contracultura de la solidaridad.

“La sabiduría y la compasión resultan imprescindibles para que nuestros conocimientos y tecnologías nos ayuden a aprender a vivir juntos y a ser humanos en el siglo XXI” (J.Delors)

Las variadas tareas educativas, formales y no formales, de los cristianos y de la Iglesia como tal tienen aquí un enorme desafío. Los centros de enseñanza de la Iglesia a pesar de su riqueza acumulada de sabiduría, compasión y esperanza, suelen ser, en no pocas ocasiones, compañeros de viaje del sistema neoliberal, por no contar en su tejido educativo con suficientes realidades de resistencia planificada contra este sistema. ¿Que pasaría en la educación en España si, por ejemplo la Iglesia Católica pusiera todo el ahínco que ha puesto en defender sus derechos a enseñar, en defender la necesidad de una educación para la solidaridad en el aula (por ejemplo en un esfuerzo mucho más sistemático por la implementación de los famosos ejes transversales). Hay una desproporción de esfuerzos. También aquí pareciera que nos interesa más nuestra propia institución Eclesial que la implantación del reino de Dios y sus valores.

b) Frente a la queja desmovilizadora, la rebelión comprometida con la creación de alternativas.

Algunos, también en sectores progresistas, y quizás sobre todo en ese sector, se conforman con el análisis y el juicio, a veces brillante, de la realidad. Y como quiera que la realidad ofrece muchos elementos para el juicio negativo, se instalan en el pesimismo, en la eterna espera de circunstancias propicias que nunca llegan. Renuncian a la lucha por incidir en el ambiente medio de la sociedad y se reducen a pequeños círculos que se auto alimentan en sus análisis y en sus desesperanzas. Como dice Roberts Hughes, son “Hombres (y mujeres) de la queja”. “La queja es la versión derrotada de la rebelión, es la madriguera del que insatisfecho con la solución que da a su vida, sale de cacería. Quejarse es sacar partido del propio hastío, sirviéndose platos cocinados con carne de derrotas ajenas. Es creerse que se vive porque uno no se deja engañar. Vivir es acostumbrado, pesares, gemidos, difamaciones y bulos”

Frente a este espíritu de la queja paralizante la Iglesia debe formar en la rebeldía del Dios que viene “a hacer todas las cosas nuevas” sacando obreros de cualquier plaza, de cualquier persona aparentemente “inútil” (cojos y mendigos), hasta de cualquier piedra de donde es capaz de sacar hijos de Abraham y obreros para su viña en la que no se para de abrir surcos en los terrenos mas inhóspitos, como nuestros paisanos de Lanzarote que supieron sacar el mejor vino de terrenos secos y volcánicos.

c) La evangelización que politiza frente al pensamiento único e imperial que despolitiza.

Pasar de la política, por muy corrupta que esté, implica renunciar a la justicia y la democracia. Y sobre todo, significa dejar a su suerte a las victimas del sistema. Redescubrirla, valorarla y participar en todos sus niveles (municipales, autonómicos, estatales, europeos) es no solo una exigencia de la solidaridad y resistencia al sistema sino una exigencia del seguimiento histórico de Jesús.

La promoción de la justicia nunca podrá realizarse plenamente sin un proceso de profundización de la democracia, que garantice eficazmente la promoción de la vida, y resitúe la política en un nuevo escenario en que no sea posible su sometimiento a la ciega lógica de los mercados económicos

d)Frente un modelo de sociedad que propugna la “privatización de la Iglesia y la religión” optar por una presencia publica permanente aunque sin instrumentos de poder ni sueños dominadores

Hay una curiosa coincidencia en este punto entre el pensamiento individualista neoliberal y ciertos pensamientos progresistas de izquierda. Ambos quisieran ver recluida a la religión al ámbito privado o, en todo caso, aceptan el ámbito público siempre que no perjudique a sus intereses. Pero frente a unos y a otros debemos mantener nuestro derecho a la actuación pública y opinar críticamente como cualquier institución en un sistema democrático. Note esta curiosa coincidencia en mi trabajo en El Salvador y lo noto ahora en España. Ni Arena ni el F.M.L.N. admitían una voz pública de la Iglesia crítica con ellos, ni Arena ni el PSOE se muestran cómodos con la disensión de la Iglesia. Distinto es el tema si la materia de disconformidad es equiparable o no. Pero el derecho a disentir es incuestionable en una democracia y puede ser un deber desde la perspectiva evangelizadora.

e) La economía como espacio de la acción terapéutica del espíritu frente a la economía como santuario del sistema.

De la misma manera que en otras épocas el Espíritu suscitaba vocaciones para la liberación de esclavos, educadores de pobres o cuidadores de enfermos, y lo continua haciendo hoy, creo que hoy también el Espíritu se esfuerza en suscitar vocaciones consagradas a la causa de las alternativas al modelo económico actual. De esa alternativa dependerá la salud de muchos enfermos, la liberación de muchos esclavos, la educación de muchos analfabetos. Hay que evitar el secuestro de la economía, como también el secuestro de la teología en manos de esa visión conservadora y deshumanizadora que impide que la vida se internacionalice. Hay que desafiar el “monopolio terapéutico” de los economistas ortodoxos o neoliberales, porque es también el “monopolio religioso” de los sacerdotes del “dios Mammón del Dios dinero”. La iglesia debe favorecer las vocaciones de economistas alternativos pero también el interés por al economía de todos los ciudadanos. Y los pequeños pero múltiples y significativos esfuerzos por crear experiencias de economía alternativa. La economía no debe ser un terreno vedado para la democracia. Los técnicos no han de tener la última palabra sino el pueblo que ve sus frutos y por ellos tiene todo el derecho democrático de juzgarlos.

f) Frente a la evangelización desde el poder o desde el desamor al mundo o desde la superioridad ante el mundo, la Iglesia como compañera en el camino hacia la utopía social.

Frente a esos modelos que hemos analizado de una Iglesia que se ha sentido salvadora, incluso con pretensiones de madre y maestra, pero distante, y sin querer soltar amarras de sus propias situaciones de privilegio en el mundo, la Iglesia debe y puede llegar a ser de modo más habitual y universal lo que ha sido circunstancialmente en algunos lugares del mundo: una extraordinaria compañera de camino en el empeño y la lucha por hacer del planeta una casa común de la diversidad humana.

El espíritu de Dios no deja de suscitar profetas y místicos. Debemos crear redes eclesiales que faciliten las redes del reino, que no son propiedad de la Iglesia, en la sociedad. Debemos ser más fermento y sal que bunker o batallón de combate. Debemos preocuparnos más por el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás, incluso esa otra Iglesia posible que todos deseamos, se nos dará por añadidura. La Iglesia que soñamos va a ser fruto de nuestro trabajo por el Reino en mayor medida que de nuestro trabajo por perfeccionar la propia Iglesia y cuidar su imagen en el mundo. O mejor dicho de nuestro trabajo consecuente por el reino, surgirán las energías necesarias no solo para cambiar el mundo sino cambiar todo aquello de la Iglesia que le impide ser fiel a si misma en su trabajo por la justicia.

Hagamos “mestizaje” sin miedo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que luchan por ese “otro mundo posible” y de ahí surgirá el regalo de una Iglesia digna de Jesús de Nazaret. La santidad de la iglesia y su acierto en el trabajo por la justicia dependerá en gran medida del grado de encarnación que tengamos en todos aquellos esfuerzos humanos por pensar, soñar, imaginar y luchar por un mundo justo. Estamos muy poco presentes en ellos aunque diversas situaciones según países y ambiente. No veo muchos miembros activos de Iglesia en los movimientos sociales canarios, por ejemplo.

En Porto Alegre vi en germen la Iglesia del futuro, compañera fiel de las luchas por la justicia. En aquella Eucaristía universal de los católicos presentes en el Foro antes de iniciarse el mismo y en aquella Marcha plural, vi prefigurada una Iglesia a la vez humilde y sin complejos por su identidad y a la vez no obsesionada por ella, pero siempre codo con codo, sin pretensiones protagonistas con todos los y las luchadores por la justicia y la alternativa a este mundo “que pasa”.

La Iglesia ha de ser la “manifestación provisional de lo que Dios quiere para este mundo” (Barth). Ha sido convocada por Dios para ser testigo humilde, allí donde se hace presente la acción del Espíritu de Jesucristo en el mundo.

Anchieta. Red Ignaciana de Canarias. Revista digital de reflexión y dialogo.