El Centro Loyola de Las Palmas ha organizado una serie de conferencias bajo el título: presente y futuro de la Iglesia. Esteban Velázquez sj habló sobre el trabajo por la justicia en la Iglesia. En esta segunda entrega, luces y sombras de la doctrina y práctica social de la Iglesia, y también algunas tendencias que hacen hoy más difícil este trabajo por la justicia.
Luces:
Sombras:
Se denuncia la situación de los pobres y excluidos pero se desautoriza con una dureza no imparcial a los proyectos sociopolíticos mas relevante s y sus justificaciones teológicas. Hay una especie de “Indecisión mesiánica”: por un lado se relativiza toda revolución difiriendo sin cesar el cumplimiento de la Promesa pero, por otro lado, cuando vive un conflicto con el mundo secular da paso a un eclesiocentrismo que le lleva identificarse a ella misma con La Promesa.
La Iglesia comparte denuncia e indignación ante el malestar que produce la cuestión social, pero no e capaz de transformar esta indignación en motor de cambio porque la suma de un mensaje demasiado absoluto y un interés institucional demasiado petrificado, la llevan a fallar en las citas históricas que para la interpretación de su esperanza podrían ser significativas.
Un menor interés por si misma le llevaría a percibir mejor lo que se juega en las diferentes revoluciones más que indignarse por lo que allí se reclama.
El no relativizar sus propios interese institucionales, el sacralizarlos, le lleva a esa indecisión mesiánica que le impide a la Iglesia ser fiel al Dios que libera a los pobres. Es aquí donde esta el punto de confluencia esencial entre “Misión evangelizadora y cambio intraeclesial, entre trabajo por la Justicia y reforma de la Iglesia. Es la falta de una reforma decidida de la Iglesia una de sus principales rémoras a la hora de tomar una <postura mas consecuente en el trabajopor la Justicia. “Solo el pobre es libre” nos decía Casaldáliga y solo los libres pueden trabajar por la justicia con la radicalidad que exige Jesús de Nazaret. La Iglesia no es libre, está demasiado preocupada de si misma y sus mas que discutibles intereses, por eso su doctrina y sobre todo su practica por la justicia adolece de coherencia y no le permite la defensa consecuente de los pueblos crucificados de la tierra. Es lo que podíamos denominar una “evangelización desde el poder” que le ata los mecanismos de poder de toda institución “de los poderosos de este mundo” de los que Cristo dijo que no fuera igual entre nosotros.
Pero además, estamos viviendo un momento difícil para los proyectos de transformación social profunda. Estos son hostilizados y ridiculizados por un pensamiento único neoconservador. La Iglesia, en este contexto, debería aprender de la Histórica y no caer de nuevo en el “síndrome antiluces”. Pasar de ser “tribunal de los sueños de los mejores hijos de la tierra” a compañera humilde de camino en la construcción de un futuro distinto. Una Iglesia “sal y fermento” mas preocupada por el avance real de las transformaciones que del lugar preferente que ha de ocupar en cada una de ellas. Describiremos más ampliamente esta tareamás adelante.
No me da tiempo aquí para exponer el magnifico trabajo de José Maria Mardones sobre este tema. El describe el momento actual, en cuanto obstaculizador para el trabajo por la justicia en cuatro apartados: