José Escudero nos propone la segunda parte de su nota sobre el ALTAR EFÍMERO pascual en La Palma.
El arte efímero tiene actualmente en nuestra Isla numerosos y bellos dignos exponentes. Así, los arcos, como los que se confeccionan en Mazo, San Andrés y Sauces y en El Paso, y los carros triunfales como los de la Bajada de la Virgen de Las Nieves, son habituales en las fiestas y conmemoraciones del renacimiento y tienen un auge especial en la época barroca.
Considerados como "arte efímero" o de "tramoya" aparecían los arcos y los carros ligados a la conmemoración de acontecimientos civiles o religiosos. También las espectaculares carrozas que tomaban parte en las fiestas.
Ejemplo significativo de este arte lo encontramos en la fotografía sacada durante el multitudinario recorrido de la "Batalla de las Flores", en plena Bajada de la Virgen de 1930. Allí se aprecia, el ingenio a la hora de confeccionar las carrozas, y la proliferación de arcos suspendidos, gallardetes, banderas, mantones, etc que engalanaban toda la calle Real. El fotógrafo recogió esta festiva y sugerente imagen en un lugar muy próximo a la Casa Fierro.
Otra instantánea que muestra esta histórica casa en segundo término, teniendo de fondo la torre de El Salvador, recoge uno de los arcos que, con motivo de la Bajada de 1930, homenajeaba a la Virgen en su llegada triunfal a la capital palmera.
Siguiendo con aquellos bellos altares, erigidos para el descanso del Santísimo, como los arcos de Mazo en La Palma y los de San Juan del Reparo en Tenerife, o los apostados en las fachadas de las casas, como la que nos ocupa, contribuían a la majestuosidad, alegría y empaque de una procesión a la que se trata de solemnizar. Esto era algo muy frecuente y característico en el Corpus desde tiempos inmemoriales.
Un claro ejemplo lo encontramos en el dibujo de un altar de Corpus de la Villa de La Orotava en 1624, que, aunque bastante deteriorado, nos da una idea de cómo eran estas aras en sus inicios.
Otro importante y fabuloso altar efímero que aun se levanta anualmente en honor al Santísimo Sacramento dentro de los templos para las solemnidades del Jueves Santo, es el llamado "Monumento". Terminada la función religiosa, la Iglesia quedaba en silencio y es el momento en el que se inicia la litúrgica procesión del Divino Prisionero al Monumento. En iglesia de El Salvador, el antiguo se levantaba en la Capilla del Cristo. Más tarde en la del Carmen y actualmente al fondo de la nave de la Epístola, al lado del bajo coro.
La población multirracial de La Palma, abierta históricamente a la cultura universal, había incorporado a sus fiestas esta tradición de arcos y carros triunfales que, ya desde el siglo XVIII eran elementos festivos profundamente implantados por toda la geografía insular, aunque sería en la capital donde aparecerían con más profusión de adornos y elegancia en su ejecución.
Si bien es efímera su existencia, en muchos casos, como en Mazo, su confección se traduce en meses de intenso trabajo previo en los que se manejan los más diversos elementos naturales, tanto flores secas, como musgos, colmo, semillas, etc. Se le ofrece al visitante un catálogo de complicadas estructuras fugaces (duran tan sólo desde la noche del miércoles, Víspera de Corpus, hasta el domingo), que son presentadas como verdaderas obras de artesanía y joyas singulares de nuestra tradición popular.
En la Villa de Mazo, los espectaculares arcos y descansos, los tapices y alfombras definen y engalanan el recorrido procesional del Santísimo y constituyen, sin lugar a dudas, el elemento más característico de estas festividades .
Como primera referencia de estos arcos triunfales, la encontramos el 18 de septiembre de 1774, cuando se entronizó en su ermita de Lodero a la talla mejicana de la Virgen de Los Dolores. Para adorno de todo el recorrido procesional se hizieron varios arcos con todo aseo vestidos .
El 26 de marzo de 1945, la Corporación Municipal de villa de Mazo atiende una petición del Ayuntamiento de la capital palmera para que colaborase con una pequeña muestra del Corpus Christi macense en la celebración de las Fiestas Lustrales de Nuestra Señora de Las Nieves. Se decide colocar "un arco en una de las calles de tránsito en dicha población en calidad de homenaje a Nuestra Venerable Virgen" .
El folklorista y profesor de la Universidad de Zaragoza, don Eliseo Serrano Martín, decía: …aquí ocupan los arcos y carros triunfales, más que como manifestación artística, que lo es y además importante como ‘tradición festiva que tiene cuerpo como tal y que representa un modo específico de comprender la fiesta o la solemnidad en concreto’.
Recordemos que, desde la Subida de la Virgen de Las Nieves en 1765, se inició la tradición del enramado de las Cruces de Mayo, que se alzan sobre bellísimos altares perecederos y fugaces que pujan por ser los mejores y están cuajados de flores, plantas, joyas, tapices de semillas y pétalos, etc: Estaba una cruz, que es la del noveno passo, con el major ornato y compostura de prendas, talcos y galones" .
Hoy se conservan algunas loas en su honor, y prácticamente se ha sustituido "la aparición" de la cruz con tramoyas por lo que llamamos "cuadros plásticos", a modo de estampas estáticas de personajes bíblicos o costumbristas, que se desarrollan en torno a estos catafalcos, imprimiéndoles más espectacularidad: Adoremos la cruz bella/donde Cristo padeció/y en recuerdo la dejó/para que adoren en ella.
La presencia de este símbolo, emblema de la cristiandad, se manifiesta por doquier, sobre todo, en los extensos territorios de la banda este de La Palma, esto es: Santa Cruz de La Palma, Villa de Mazo, Breña Alta y Breña Baja.
Aparecen por estos bellos lugares cruces jalonando los caminos y veredas, rematando montañas o canalizaciones de agua, en portones de casonas antiguas o entrecruzados caminos. Son muchas de ellas depositarias de historias y leyendas o simples recuerdos a los fallecidos en las carreteras.
En las Fiestas de Mayo, pequeñas capillas, altares efímeros y hornacinas surgen por doquier, a fin de custodiar y realzar esas Cruces, desde la más humilde y recóndita a la más suntuosa y milagrosa. En la capital, a las cruces que descansan sobre las paredes de la ciudad renacentista se les cambia la tela que las cubría desde el año anterior y se sustituye por otra nueva, formando en algunos casos plisados y dobladillos vistosos, para después engalanarlas con joyas y flores.
Las cruces son depositadas a principios de mayo, sobre los altares cargados de simbología religiosa. Así, son usuales los tablones de madera recubiertas de semillas, flores… que dan forma a las grandes concavidades y hornacinas o retablos donde son entronizadas las cruces y que son, en muchos casos, adornadas por valiosas joyas para cuya custodia pernoctan los vecinos a sus pies, adormecidos y cubiertos por grandes mantas para resguardarse del frío de la noche del dos de mayo de cada año.