Acaba de darse un paso más en el proyecto del gobierno del Reino de España que llevará al reconocimiento del estatuto legal de “matrimonio” para las parejas homosexuales. La propuesta de ley no ha sido el resultado de la mediación o el diálogo entre partes enfrentadas que consiguen llegar a un acuerdo en el que, por supuesto, ambas partes pierden. El PSOE lo llevaba en su programa y ha cumplido su promesa. Eso explica, en buena medida, que mientras una parte de la población lo celebra y festeja con enorme alegría, otra parte se siente atacada en sus valores más íntimos y reacciona agresivamente en la defensa de los mismos.
Esta semana, a partir de las declaraciones del alcalde de Valladolid, en las que señalaba razones de conciencia para negarse a oficiar personalmente matrimonios de estas características, se levantó una polémica sobre el derecho a la objeción de conciencia en la que han terciado desde los ministros del gobierno y el jefe de la oposición, hasta distinguidos representantes del episcopado español. El derecho a la objeción de conciencia que, en España, tuvo un primer referente histórico en quienes nos negamos a participar de la milicia y que, posteriormente, ha tenido otro hito en toda la problemática ético profesional sobre el aborto, es, sin duda, un derecho a defender la propia conciencia y a proclamar una postura diferente a la defendida por buena parte de la sociedad. Hoy ya no existe la objeción de conciencia a la milicia porque, sencillamente, ya no hay nadie obligado a participar en ella.
Conozco muchos cristianos y cristianas que no entienden por qué motivos la Iglesia hace una oposición tan fuerte a la celebración de estos matrimonios. Aunque no son pocos los que comparten que hubiera sido más fácil adoptar una solución “a la francesa”, en la que se llegara a un acuerdo sobre el nombre de esta nueva institución social y se respetaran todos los derechos personales, tampoco entienden que se haga una guerra de la palabra. Los argumentos sobre el carácter natural o no natural de la vida homosexual les parece tan poco pertinente como si pretendiéramos deslegitimar la castidad o el celibato de los ministros de la Iglesia por su carácter no natural. En las personas, que vivimos inmersas en contextos culturales, lo “natural” siempre viene revestido, transformado. Por eso, desde el respeto al magisterio eclesial, hay tantos y tantas entre nosotros que no encuentran cómo estar de acuerdo con el mismo.
Es probable que no les falte razón a quienes sospechan que debería haberse buscado un acuerdo que hubiera sido posible. Es probable que no les falte urgencia a quienes han querido aprobar esta ley sin un intento aceptable de acuerdo. Pero lo que no es de recibo es que unos se llamen a otros inmorales, y que los otros llamen a los unos retrógrados. Probablemente, todos y todas son más que buenos políticos un tanto irresponsables polemistas.
Nos llega vía correo electrónico este texto escrito por José María Rodríguez Olaizola sj. Nos parece que puede reflejar mucho lo que tantos y tantas viven en nuestra comunidad cristiana, también aquí, en las islas.
Querido Benedicto XVI:
Todo comienzo invita a la esperanza. Estas últimas semanas me he sentido así, ilusionado porque todo cambio es ocasión de moverse, y al moverse, sacudir inercias y emprender búsquedas. Porque por ahora un nuevo papado es como un papel en blanco en el que se pueden escribir páginas bellísimas, páginas de evangelio hoy. Y eso es lo que quiero seguir esperando ahora. Lleno de deseos, inquieto (siempre) por el futuro, te escribo desde la tierra de nadie.
Esteban Velázquez sigue presentándonos su experiencia en Porto Alegre. Aborda en este artículo los contenidos, los debates de ideas o la presentación de experiencias.
Sería pretencioso por mi parte tratar de hacer un juicio global sobre la riqueza o no riqueza de ideas de un Foro que abarcaba 2500 conferencias o talleres. Pero si puedo hablar de lo poco que yo pude oír de ese gran conjunto y confrontar con las impresiones de otros. Era imposible oír más de 3 o cuatro intervenciones o “turnos” diarios en un total de cuatro días de actividades (el anterior y posterior eran de actividades previas oposterior presentación de propuestas y clausura). Por tanto, hablamos de 12 a 18 actos en total, aunque teniendo en cuenta que muchos eran mesas redondas con bastantes participantes.
En tiempo todavía de Pascua, José Escudero nos propone este artículo histórico sobre la práctica palmera de elaborar un pequeño altar para el día de resurrección.
La idea de levantar un altar efímero, fugaz y perecedero que sirviese como descanso para la procesión de Su Divina Majestad en la mañana del Domingo de Pascua de Resurrección, se debió a la iniciativa de las monjas franciscanas del monasterio de Santa Águeda, Patrona de esta ciudad. Así consta en escritura otorgada 1694, ante Pedro de Mendoza Alvarado, escribano público de La Palma.
José A. Morillas sj recoge de diferentes fuentes diversos deseos sobre el nuevo papa.
¿Qué le pedimos al Papa? Difícilmente que sea joven, pues la media de edad de los cardenales es de 73 años. Igualmente con el tema de la salud, aunque decía el cardenal arzobispo de Bombay: “a pesar de tener diabetes puedo viajar y hacer vida normal”, como pidiendo que no exigieran certificado de salud a los reunidos en el conclave.