Primera Palabra
Solidaridad y descanso
Lunes 30 de agosto de 2010

Estos días de verano en el hemisferio norte se usan para descansar y hay muchas maneras diferentes de hacerlo. También hay opciones que sirven para cambiar de actividad y no ponen el acento tanto en no hacer nada cuanto en dar un corte al trabajo habitual.
Así, por ejemplo, en la oficina central de Fe y Alegría Paraguay, es fácil encontrarse estos días ya con gente de Murcia -que vienen apoyadas por la universidad de aquella región-, con gente de APROPAR -una asociación catalana vinculada a servicios de salud que vehicula ayudas y voluntariado a Paraguay-, con gente de VOLPA, el voluntariado Pedro Arrupe, de Entreculturas y la Compañía de Jesús. Y conocemos personas de nuestra tierra Canaria que han pasado su verano colaborando en África, en Sudán, y también en Honduras. O que aprovechan su verano para apoyar la causa del pueblo saharaui. También los hay que acogen en sus casas a niñas y niños que provienen de situaciones con mayores dificultades socioeconómicas. En realidad, son muchísimas las personas que estos días dedican su tiempo y su dinero a una tarea menos turística y que quiere ponerles en contacto con la realidad de otros pueblos y con las necesidades de solidaridad que se hacen en medio de ellos.
La solidaridad necesita ojos, manos, sabores, olores, nombres propios. Por eso, sin duda, está muy bien que la gente deje sus casas y la posibilidad de tomar vacaciones en un entorno de playa y dedique su persona a recorrer estos puntos en los que quizás pueda echar una mano. Pero la solidaridad necesita también el compromiso de quienes no van de experiencia o de visita, el de quienes trabajan para sacar adelante, en medio de muchas dificultades, los proyectos, las instituciones, las tareas. La solidaridad durante el tiempo de descanso está bien, ayuda, pero la solidaridad no es una forma de descanso.



